El sistema tolemaico dio pábulo a la complicada farsa de la Astrología, se compadecía con la ingenua presunción de que la Tierra, por ser el habitáculo del hombre, era el cuerpo más importante del Universo y, en realidad, no encontró obstáculos serios mientras las observaciones no fueron demasiado precisas. Sus fallos principales consistían en su complejidad y en la necesidad de que las estrellas, por hallarse, como al fin se ha demostrado, a enormes distancias de la Tierra, se movieran a velocidades increíbles, para completar en un día su revolución alrededor de ésta.
Copérnico, eclesiástico polaco, publicó en 1543 su De Revolutionibus Orbium Caelestium, obra descriptiva de las revoluciones de los orbes celestes, que provocó asimismo una revolución en el pensamiento humano. Señalaba Copérnico que los movimientos aparentes resultan fácilmente explicables con la hipótesis de que los planetas giran alrededor del Sol, que la misma Tierra no es más que un planeta y que las revoluciones aparentemente complicadas de los planetas vecinos se explican teniendo en cuenta sus trayectorias reales y el cambio de nuestro punto de observación, a medida que somos llevados a otros puntos con la Tierra. El movimiento diurno aparente de los cielos es consecuencia de una rotación axial de la Tierra y la oblicuidad de la eclíptica obedece a la inclinación del plano del ecuador terrestre con respecto al plano de su Orbita. La figura 2 explica la teoría copernicana del sistema solar. Véase Copérnico.
Para más información ver: astronomía.
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