Las huríes son una figura importante en la religión musulmana, especialmente en la creencia del paraíso islámico. Se cree que son seres celestiales, puros y de extrema belleza y perfección. Su descripción se encuentra detallada en el Corán y en los hadices, que son las tradiciones y dichos de Mahoma.
Según la tradición islámica, las huríes son creadas especialmente para los creyentes piadosos y virtuosos que ingresan al paraíso. Son consideradas un regalo de Alá por su devoción y obediencia a lo largo de su vida terrenal. Estas mujeres celestialmente hermosas son compañeras eternas para los bienaventurados y les brindan gozo y placer eterno.
Se dice que las huríes poseen ojos grandes y seductores, piel suave y delicada, cabello largo y voluptuoso, y cuerpos perfectos sin defectos ni imperfecciones. Se les describe como poseedoras de una inigualable juventud y eterna virginidad. Además de su asombrosa belleza física, se cree que poseen cualidades espirituales excepcionales, como su dulzura, sabiduría y habilidades para complacer a los creyentes.
En la tradición islámica, la descripción de las huríes en el paraíso busca transmitir la belleza perfecta y el deleite supremo que los creyentes pueden encontrar en la vida después de la muerte.
Huríes de acuerdo a Mahoma
De acuerdo con Mahoma, en el Paraíso prometido a los creyentes hay vírgenes bellísimas de las que disfrutarán después de su muerte.
Según el Corán, estas huríes pueden ser blancas, verdes, amarillas y rojas; su piel es de azafrán, almizcle, ámbar e incienso, lo que desprende un aroma extremadamente fragante, y tienen un letrero de oro en sus rostros con palabras reconfortantes.
Aquellos que sigan la ley del Profeta y, en especial, los que ayunen durante el mes de ramadán, disfrutarán de las huríes de cejas negras en tiendas de perlas blancas, en las que hay setenta planchas de rubí, cada una de ellas con setenta colchones y, a su vez, cada colchón con setenta esclavas, que son atendidas por otra esclava.
Las huríes visten ropas magníficas y tan ligeras y transparentes que se puede ver a través de ellas hasta la médula de los huesos.
A cada elegido se le presenta una pera o una naranja en una bandeja de plata. El musulmán afortunado abre el fruto y de él sale la hurí que le ha sido destinada, con la cual permanecerá abrazado durante mil años, sin que ella pierda nunca su virginidad.
Es importante destacar que la figura de las huríes ha sido objeto de interpretaciones literales y simbólicas dentro del Islam, y no todos los musulmanes comparten la misma visión sobre su existencia y función en el paraíso.
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