La Cuarta Cruzada. El espíritu de cruzada, que no se había extinguido en Occidente, fue reanimado desde su misma exaltación al solio pontificio (1198) por Inocencio III, organizador de la Cuarta Cruzada. Los expedicionarios, desviados de su objetivo por un llamamiento de Alejo, hijo del depuesto emperador bizantino Isaac II, concertaron un convenio para el transporte con Venecia, cuyo dux, Enrico Dandolo, se convirtió en figura dominante de la expedición. Los cruzados se detuvieron en Dalmacia para tomar la ciudad de Zara, que había sido arrebatada a Ve-necia por los húngaros, acto: que les valió una vigorosa denuncia por parte de Inocencio. En Constantinopla repusieron en el trono al depuesto Isaac II y a su hijo Alejo con gran oposición del pueblo, que terminó coronando a un nuevo emperador, Alejo V. Enfurecidos, los cruzados atacaron y saquearon (abril 1204) Constantinopla, que era probablemente la ciudad más rica y hermosa de la época. Luego procedieron a organizar un Imperio Latino bajo la jefatura de Balduino de Flandes (v. Imperio bizantino). La ciudad y tierras adyacentes, las islas del Mediterráneo oriental y la mayor parte de Grecia, especialmente el Pelo-poneso, quedaron divididas entre Venecia y los cruzados, muchos de los cuales fundaron estados feudales.
Cualquiera que fuese el deseo inicial que impulsó a los cruzados a recuperar los Santos Lugares, quedó desvirtuado en este desmembramiento del gran Imperio Cristiano.
Para más información ver: cruzadas (historia).
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