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Existen dos teorías sobre el origen de los primitivos americanos o amerindios. Una los supone autóctonos, con centro de difusión en el actual territorio argentino, mientras otra los considera asiáticos o quizá polinésicos, que saltaron a América por el Estrecho de Bering o por las costas del Pacífico, embarcados desde las islas de Polinesia. Si bien la relación étnica entre el mogol y el indio parece indudable, también lo es que la separación debió ser muy temprana, pues la cultura americana se ha desenvuelto de modo independiente y presenta matices muy especiales, que sólo pueden manifestarse tras una larga evolución cultural independiente. El amerindio supo crear y desarrollar una agricultura, una industria textil, una arquitectura y hasta una astronomía propias. Pero la cultura precolombina no fue uniforme en todo el continente, sino que presentaba focos de mayor florecimiento en la altiplanicie mexicana, Centroamérica y las mesetas andinas, aunque con caracteres distintos propios. Todos ellos basaban su vida económica en el cultivo del maíz, pero en México existía una monarquía guerrera, aristocrática y teocrática; el área maya-quichúe presentaba una arquitectura fastuosa; los chibchas colombianos aparecían como un pueblo de orífices incomparables y los incas peruanos habían alcanzado una integración gubernativa muy superior a la de los otros pueblos. Frente a esas civilizaciones avanzadas se encontraban otros grupos de pueblos muy primitivos, cazadores y recolectores, dispersos por las llanuras norteamericanas y las selvas amazónicas.
América del Norte, en la época del descubrimiento, tenía dos grandes grupos raciales: los esquimales al N, muy afines a las razas mogólicas, y los indios por todo el resto. Los primeros subsisten hoy en Groenlandia y el N del Canadá, desde el Labrador hasta Alaska, con una rama especial en las islas Aleutianas.
A lo largo de la frontera de Estados Unidos-Canadá y en la costa oriental vivían diversas tribus algonqui-nas, que se dedicaban a la agricultura y a la caza. Hoy, estos indios cazadores de Canadá y Estados Unidos están representados por los athabascos, hurones, iroqueses, dakotas, sioux, iowas, natchez, etc. Al O y en California se dejó sentir la influencia de los pueblos centroamericanos en forma de comunidades sedentarias, con organización teocrática; los «pueblos» tenían civilización más avanzada que otros indios norteamericanos, pero sus vecinos los navajos, apaches, utes, mojaves, yumas, etc., eran tribus menos sedentarias.
En América Central la agricultura, practicada desde muy antiguo, condujo al desarrollo de una auténtica civilización, que influyó considerablemente sobre los habitantes del N y del S; destacaban los shoshones, comanches, sonoras, pimas, etc., en la parte septentrional; aztecas, otomís, totonacos, zapotecas, mixte-cas, etc., en el centro; mayas del Yucatán, choles de Guatemala, payos y mosquitos de Honduras, ulvas y ramas de Nicaragua, etc., en la zona meridional.
De las razas florecientes que existían en América del Sur, concentradas en la zona tropical, en los Andes y en el S, han desaparecido muchos pueblos, mientras otros se han conservado con bastante pureza, por estar más aislados geográficamente y no haber sufrido las inmigraciones de elementos extraños; parece que la población amerindia ha quedado reducida, en gran parte por cruzamientos con blancos o negros, a sólo un 10 % de la que tenía en 1492; en cambio son muy numerosos los mestizos, mulatos y zambos. El estado de civilización en que se encontraban los pueblos sudamericanos precolombinos era muy desigual, pues mientras las tribus más avanzadas habían alcanzado un nivel similar al de los primeros tiempos de las invasiones germánicas en Europa, otros vivían en el más completo salvajismo.
En la zona andina y en las altiplanicies situadas cerca del río Magdalena se asentaban los indios chibchas, gobernados por una casta sacerdotal, eran menos civilizados que los incas, y vivían en las altas mesetas al S del Ecuador. Los incas eran un pueblo guerrero que había sometido a sus vecinos y dominaba, en la época de la conquista española, en la costa del Pacífico, desde Ecuador hasta el río Maulé (Chile); en su capital, Cuzco, y en los alrededores del lago Titicaca han legado magníficas ruinas arquitectónicas. Se supone, sin embargo, que su cultura tenía por base una civilización anterior y posiblemente más avanzada: la de los indios aymarás; otros pueblos de la región andina eran los quichuas y los araucanos, que se asentaban al S de los incas; los pobladores de Arauco —Chile central— constituían una raza belicosa, celosa defensora de su libertad, que opuso gran resistencia a la dominación española.
Al N del Amazonas vivían los arauacos, maipures, mirañas, panos y los caribes, dedicados éstos a la guerra, la caza y el cultivo y los primeros a la agricultura y la pesca. Cerca de la desembocadura del Amazonas vivían los tupis, llegados al parecer del interior del continente, donde quedaron, en el territorio más tarde conocido por Paraguay, sus próximos parientes los guaraníes. Más al S, en el Chaco y las Pampas hay que mencionar a los guayacurús, puelches o patagones, pamperos y fueguinos.
El contacto con los europeos fue en general funesto para los indígenas, especialmente en América del Norte.
Para más información ver: américa (continente).
América del Norte, en la época del descubrimiento, tenía dos grandes grupos raciales: los esquimales al N, muy afines a las razas mogólicas, y los indios por todo el resto. Los primeros subsisten hoy en Groenlandia y el N del Canadá, desde el Labrador hasta Alaska, con una rama especial en las islas Aleutianas.
A lo largo de la frontera de Estados Unidos-Canadá y en la costa oriental vivían diversas tribus algonqui-nas, que se dedicaban a la agricultura y a la caza. Hoy, estos indios cazadores de Canadá y Estados Unidos están representados por los athabascos, hurones, iroqueses, dakotas, sioux, iowas, natchez, etc. Al O y en California se dejó sentir la influencia de los pueblos centroamericanos en forma de comunidades sedentarias, con organización teocrática; los «pueblos» tenían civilización más avanzada que otros indios norteamericanos, pero sus vecinos los navajos, apaches, utes, mojaves, yumas, etc., eran tribus menos sedentarias.
En América Central la agricultura, practicada desde muy antiguo, condujo al desarrollo de una auténtica civilización, que influyó considerablemente sobre los habitantes del N y del S; destacaban los shoshones, comanches, sonoras, pimas, etc., en la parte septentrional; aztecas, otomís, totonacos, zapotecas, mixte-cas, etc., en el centro; mayas del Yucatán, choles de Guatemala, payos y mosquitos de Honduras, ulvas y ramas de Nicaragua, etc., en la zona meridional.
De las razas florecientes que existían en América del Sur, concentradas en la zona tropical, en los Andes y en el S, han desaparecido muchos pueblos, mientras otros se han conservado con bastante pureza, por estar más aislados geográficamente y no haber sufrido las inmigraciones de elementos extraños; parece que la población amerindia ha quedado reducida, en gran parte por cruzamientos con blancos o negros, a sólo un 10 % de la que tenía en 1492; en cambio son muy numerosos los mestizos, mulatos y zambos. El estado de civilización en que se encontraban los pueblos sudamericanos precolombinos era muy desigual, pues mientras las tribus más avanzadas habían alcanzado un nivel similar al de los primeros tiempos de las invasiones germánicas en Europa, otros vivían en el más completo salvajismo.
En la zona andina y en las altiplanicies situadas cerca del río Magdalena se asentaban los indios chibchas, gobernados por una casta sacerdotal, eran menos civilizados que los incas, y vivían en las altas mesetas al S del Ecuador. Los incas eran un pueblo guerrero que había sometido a sus vecinos y dominaba, en la época de la conquista española, en la costa del Pacífico, desde Ecuador hasta el río Maulé (Chile); en su capital, Cuzco, y en los alrededores del lago Titicaca han legado magníficas ruinas arquitectónicas. Se supone, sin embargo, que su cultura tenía por base una civilización anterior y posiblemente más avanzada: la de los indios aymarás; otros pueblos de la región andina eran los quichuas y los araucanos, que se asentaban al S de los incas; los pobladores de Arauco —Chile central— constituían una raza belicosa, celosa defensora de su libertad, que opuso gran resistencia a la dominación española.
Al N del Amazonas vivían los arauacos, maipures, mirañas, panos y los caribes, dedicados éstos a la guerra, la caza y el cultivo y los primeros a la agricultura y la pesca. Cerca de la desembocadura del Amazonas vivían los tupis, llegados al parecer del interior del continente, donde quedaron, en el territorio más tarde conocido por Paraguay, sus próximos parientes los guaraníes. Más al S, en el Chaco y las Pampas hay que mencionar a los guayacurús, puelches o patagones, pamperos y fueguinos.
El contacto con los europeos fue en general funesto para los indígenas, especialmente en América del Norte.
Para más información ver: américa (continente).
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