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Normalmente las glándulas sebáceas mantienen, en colaboración con las sudoríparas, un grado de humedad en la piel que le presta su característica flexibilidad. Cuando se reseca, pierde la elasticidad y se agrieta fácilmente. La superficie de la piel aparece surcada por diminutos plieguecillos, donde se abren las glándulas sudoríparas y sebáceas (v. Piel, Glándulas sebáceas y sudoríparas), que actúan como lubricantes. Los agentes secantes, como el jabón, los detergentes, los álcalis, el calor y el aire seco, eliminan la fina película lubricante (v. Jabón; Detergente; Álcali), ocasionando la sequedad y retracción de la piel. Entonces, cualquier movimiento es causa de que se rompa y se produzcan fisuras lineales. Este agrietamiento se puede evitar lavando muy bien la piel con agua clara para eliminar todo vestigio de agentes secantes. Después del lavado es muy importante secar muy bien la piel, ya que la evaporación le resta humedad. Las aplicaciones de pomadas, tales como lanolina y emulsiones oleosas, protegen la piel y evitan las grietas. Véase Lanolina; Vaselina.
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