1Arte y ciencia de producir plantas y animales para el uso del hombre. El término, restringido al principio en su acepción etimológica para designar exclusivamente el cultivo del suelo, incluye ahora de ordinario la cría y el cuidado del ganado.
- Introducción a la agricultura. El cultivo del suelo, al fijar a las tribus en una vida sedentaria opuesta a la nómada de la caza y el pastoreo, fue uno de los primeros factores que influyeron en el desarrollo de la civilización. Estabilizada la población en pequeñas comunidades agrícolas, acumuló bienes y adoptó costumbres más sociales. Paulatinamente, a medida que se perfeccionaron y divulgaron los métodos de producción agrícola, la creciente complejidad de las relaciones humanas dio origen al nacimiento de las grandes naciones del mundo antiguo. Un hecho explica la íntima relación existente entre la agricultura y la civilización: los cereales, el alimento vegetal más importante del hombre, tuvieron su probable cuna en las regiones ocupadas por las primeras culturas. El SO y SE asiáticos, la cuenca mediterránea y las altiplanicies de la América tropical, sede de las primeras civilizaciones, fueron probablemente la patria del arroz, trigo, avena, cebada, centeno y maíz.
- La agricultura egipcia y romana. Aunque la agricultura floreció en los valles del Tigris y Eufrates, fue en Egipto donde rayó a mayor altura dando origen a una sociedad y civilización que asentó sus cimientos en la inagotable fertilidad del Valle del Nilo. Los agricultores egipcios practicaron el regadío, para cuyo fin aprovecharon las inundaciones periódicas del Nilo. Conocieron igualmente la rotación de cultivos y llegaron a seleccionar razas de ganado y volatería. Contiguos a las grandes explotaciones agrícolas había huertos, jardines, criaderos de pesca y reservas de caza. Los graneros, un poco como los hórreos asturianos, se alzaban sobre el suelo. Por la perfección de sus técnicas agrícolas y la fertilidad del suelo, Egipto fue durante mucho tiempo el granero del mundo civilizado y llegó a suministrar anualmente al Imperio romano unos 7000000 hl de grano. En sus comienzos, la República romana, siendo como era una comunidad de pequeños agricultores, no necesitaba importar tamañas cantidades. Pero la adopción de la esclavitud y la creación de grandes latifundios provocaron el absentismo, la deserción de los campos y un descenso en la producción agrícola. Roma se vio obligada en consecuencia a importar grano de sus provincias, particularmente Egipto y España, para alimentar a su creciente población urbana. Aunque algunos grandes fundos desarrollaron nuevas técnicas agrícolas, lo cierto es que éstas no prosperaron.
- Agricultura medieval. La Edad Media continuó la tradición agraria heredada de los romanos, aunque la unidad agrícola más común, el señorío o «manor», tiene antecedentes tanto romanos como germánicos. El sistema manorial, a pesar de no ser una institución feudal, fue el tipo más corriente de posesión
de la tierra bajo el feudalismo. El sistema dividía la tierra en unidades independientes, cada una de las cuales aparecía vinculada a un señor que la había recibido de una autoridad superior. La tierra, que sólo podía ser poseída en nombre del señor, podía ser cultivada por otros a cambio del pago de un tributo o la prestación de servicios. Los campesinos se dividían en dos clases principales: siervos de la gleba y villanos. Los primeros estaban ligados a la tierra y no podían abandonarla: los segundos sólo estaban ligados por las cláusulas del contrato que les confería el usufructo de la tierra. Existieron, además, otros sistemas de posesión agrícola, pero fueron menos comunes. Los derechos de los campesinos, irrevocables por el señor, que tampoco podía elevar los tributos, tenían carácter hereditario. El señorío o «manor» era virtualmente autárquico y producía casi todo lo necesario a la población que lo integraba; carpinteros, panaderos y armeros formaban tanta parte del «manor» como el mismo señor, su corte y los campesinos.
La explotación de un señorío era una rotación de cultivos elemental, basada generalmente en el sistema de las tres hojas. Un tercio se sembraba con centeno o trigo; otro, con cebada, avena, guisantes, habas y a veces una mezcla de ellos; el tercero se dejaba en barbecho. Además existían los prados y bosques comunales. La alimentación producida por este tipo de agricultura era más bien grosera. El trigo escaseaba mucho más que en la época romana o en nuestros días; el pan negro de centeno y cebada formaba la base alimenticia de siervos y villanos. El ganado de desecho y los cerdos que pastaban en los bosques proporcionaban la poca carne que se consumía. Con la excepción de Inglaterra, el hombre del medievo comía mucho menos carne que hoy en día. Como rara vez se criaban animales para el consumo directo, su carne resultaba casi siempre muy dura y correosa.
En nuestro actual nivel de vida semejante sistema sería ineficaz. Sin embargo, coadyuvó al incremento de la producción agrícola y al desarrollo gradual de las técnicas actuales. La venta de cueros, productos lácteos, lana y sobrante de ganado proporcionaba ingresos adicionales. Se calcula que la producción media de trigo durante la Edad Media era sólo de unos 8,7 hl por hectárea. Los monasterios, únicos que tenían acceso a los antiguos documentos sobre la agricultura egipcia y romana, no dejaron de realizar intentos por mejorar en sus tierras los métodos de cultivo.
- Transformación de la agricultura medieval.
En Inglaterra, donde nunca había sido completa la dominación del sistema manorial, apuntan en el siglo xv y xvi nuevas influencias que tienden a minarlo: 1) la creciente demanda de lana, que, al forzar la producción de ganado ovino, transformó las parcelas del «manor» en amplias praderas de pastos; 2) la Peste Negra, que, al reducir en el siglo xiv el número de campesinos, permitió a los supervivientes ensanchar sus posesiones; 3) el aumento de la circulación monetaria, que ayudó al siervo de la gleba a comprar su libertad y adquirir sus propias tierras; 4) el auge de las ciudades y el comercio, que atrajo a la gente del campo y creó al mismo tiempo una demanda progresiva de artículos a la que no podía hacer frente el ineficaz sistema agrario; 5) la incipiente Revolución Industrial, que exigió un nuevo orden de agricultura para satisfacer las nuevas necesidades. Las reformas introducidas actuaron en tres sentidos: a) mejora del suelo por la introducción de nuevos cultivos, fertilizantes y sistemas de rotación; b) aplicación de principios científicos a la selección y cuidado del ganado; c) perfeccionamiento de los aperos y maquinaria agrícola. Como resultado de esta revolución agrícola Inglaterra empezó a exportar trigo durante la primera mitad del siglo xvii hasta que el exceso de producción fue absorbido por el crecimiento demográfico. En 1800 había duplicado y en 1870 triplicado la producción de trigo obtenida durante la Edad Media.
Algunas partes de la Europa continental habían superado en el siglo xv la agricultura medieval. La expansión comercial había fomentado el desarrollo de ciudades en el N de Italia, NE de Francia, Países Bajos y cuenca del Rin, regiones que, para hacer frente a las nuevas exigencias, habían recurrido a la rotación de cultivos y al empleo de fertilizantes. Otras regiones empero, donde las ciudades eran escasas y pequeñas y el progreso agrícola se veía limitado a sus inmediatas proximidades, seguían aferradas a los viejos sistemas.
La Europa continental, en líneas generales, no participa en la revolución agrícola hasta mediado el siglo xviii. El Mercantilismo había estimulado el crecimiento demográfico. Como las técnicas tradicionales resultaran ineficaces para hacer frente a la creciente demanda de productos agrícolas, hicieron despertar a. los países europeos de su aletargamiento. En esta época, en una inversión de papeles, se presentaba a Inglaterra como modelo para el resto de Europa. Albrecht Thaer, fundador de la agricultura científica alemana, tituló muy significativamente una de sus obras, Introducción al conocimiento de la agricultura inglesa (1798). Mientras la agricultura inglesa había creado un sistema de fincas independientes en las que su propietario podía introducir las mejoras que considerara más oportunas, el sistema del campo abierto imperante en el continente, en oposición al sistema británico de cercados, adjudicaba a los individuos parcelas dispersas, que en ciertas zonas volvían a ser adjudicadas periódicamente. La mezcla de propiedades individuales determinó el cultivo de acuerdo con un plan común, frenando la iniciativa e impidiendo las innovaciones; el desarrollo estaba coartado por la falta de una posesión definitiva en propiedad completamente libre.
A pesar de que muchos escritores y sociedades clamaban por que se imitara el sistema británico, los aristócratas de la Europa occidental fueron incapaces de acometer la concentración parcelaria. El manorialismo de la Europa occidental no sucumbió como en Inglaterra por acción de la misma nobleza, sino en oposición a elia. Durante la Revolución francesa las tierras de la nobleza fueron parceladas y vendidas en beneficio de los campesinos. Europa occidental se convirtió en una comunidad de pequeños propietarios. Se adoptaron los métodos ingleses de selección, propagáronse nuevos cultivos como la patata y aparecieron nuevas industrias como las basadas en el gusano de seda.
Alemania oriental y los países escandinavos, siguiendo una evolución distinta bajo la iniciativa de los terratenientes, eliminaron las restricciones agrarias, concentraron las parcelas y distribuyeron individualmente la propiedad comunal. Así surgió una red de fincas mayores que las de la Europa occidental y mejor adaptadas a las técnicas de producción masiva. Sus propietarios pudieron aprovechar las doctrinas de Albrecht Thaer y Justus von Liebig y diversificar la producción agrícola, practicar la rotación de cultivos y emplear abonos artificiales. El arado en profundidad, el engorde del ganado estabulado, la intensificación de cultivos como la remolacha azucarera y la patata fueron los avances más notables del periodo posrevolucionario. Al mismo tiempo se produjo un incremento de la agricultura especializada.
En la Europa eslava persistió el medievalismo hasta la I Guerra Mundial. La abolición de la servidumbre en 1861 tuvo escasa repercusión en la técnica agrícola. El control colectivo, la redistribución periódica de las parcelas y los prados comunales continuaron poniendo coto a la iniciativa privada. Incapaces de arrancar el mínimo vital a sus reducidas parcelas, muchos se vieron obligados a tomar en arriendo tierras de los hacendados aristócratas bajo una modalidad de aparcería.
- La agricultura en la Península Ibérica. Durante la época prerromana es muy posible que la agricultura más próspera radicara en Andalucía y Levante como consecuencia de los repetidos contactos culturales con el Oriente mediterráneo. En el resto predominaría una agricultura rudimentaria, probablemente nómada, y de ganadería trashumante. La unión de muchas tribus antes de producirse las invasiones cartaginesa y romana indica que existían relaciones tribales algo estrechas.
La ganadería trashumante —merinas (Extremadura, Montes Cantábricos) y chuna o rasa aragonesa (Pirineo, Valle del Ebro)— ha persistido desde la protohistoria hasta nuestros días. Las cañadas y otros derechos consuetudinarios, antiquísimos, han logrado imponerse a la organización moderna.
Los romanos regularon el derecho de la posesión rural, creando los dominium, fundus, ager, villa y latifundio, poseídos por los príncipes, ciudades, templos, hombres libres colonizadores y personas importantes de las tribus que se aliaron con ellos. En la familia rural predominaban los esclavos, con el villicus (administrador) y servi cosarii (parte de la propiedad rural), unidos a locatores (hombres libres que pagaban censo) y coloni, verdaderos esclavos del terruño a los que ni el propietario podía desposeer de sus campos, que trabajaban independientemente de la familia rural y pagaban el censo en dinero, productos de la tierra o servicios vecinales.
Es muy probable la persistencia de formas de explotación arcaica junto con la explotación romana típica; el trigo, ganado, vino y aceite adquirieron gran valor durante la época imperial y activaron el aprovechamiento del suelo; los bosques de la Tierra de Campos y Soria, roturados, se convirtieron en los llamados graneros de Roma.
Los bárbaros, más o menos romanizados y cristianizados, aportaron nuevas costumbres y suavizaron el servilismo. En obras hispanorromanas de la época visigótica, particularmente las de San Isidoro, se advierte la organización de una sociedad regida por los godos, que se adaptaron a las costumbres más civilizadas de los hispanos; los obispos eran verdaderos protectores de los siervos y humildes, como puede verse en las biografías de sus representantes más ilustres.
Los árabes aumentaron las relaciones antiguas entre Andalucía y el oriente mediterráneo y propagaron métodos de irrigación que. persisten actualmente; bajo su férula, la población hispana se asoció en corporaciones, en las que destacan las de agricultores y particularmente las de los regantes (Leyes de aguas de Valencia, Murcia y Andalucía).
En la Marca Hispánica (Cataluña) se observa claramente la influencia feudal de los francos carolingios, muy mitigada por la monacal y real. Los reyes daban los beneficios, mientras las propiedades monásticas eran cedidas como alodios a hombres completamente libres que pagaban según censo convenido; las propiedades señoriales se cedían como fincas censuales, en las que se observa el condominio feudal del señor con persona unida a la tierra (pagesos de la remensa).
La lucha entre la nobleza y la realeza, característica de los estados hispánicos medievales, mitigó algo la triste condición de los siervos; la creación de ciudades libres (reales), villas francas, grandes dominios de las órdenes militares, etc., debilitó grandemente el poder feudal y aumentó paralelamente el de las agrupaciones de vecinos o Concejos, muy protegidos por el poder real en su lucha contra la nobleza disgregadora. En los concejos importaba el vecino, sin contar sus bienes de fortuna; la organización parroquial eclesiástica influyó grandemente en este cambio, que aún persiste con vigencia civil en Andorra; actualmente, en gran parte de España, la reunión de vecinos (Concejo, Universidad, Municipio) decide sobre el aprovechamiento de la propiedad comunal y en algunos casos la distribuye temporalmente (cultivo de prados en el Valle de la Reina leonés, etc.).
La Edad Moderna, que en el N de Europa fomentó la divulgación de técnicas agronómicas, apenas afectó a España por la sangría humana que representaron las continuas guerras de la Contrarreforma y la colonización de América; tal fue la causa de que se despoblara el campo y se retrasara el progreso de la agricultura autóctona. El siglo xviii se caracteriza por el esfuerzo de los gobernantes que se tradujo en la construcción de canales para el riego y la colonización de tierras poco productivas. Este esfuerzo, hoy multiplicado, ha contribuido a disminuir paulatinamente los grandes latifundios y aumentar las superficies colonizadas con criterio de productividad agrícola estable.
España y Portugal son interesantísimas para el estudio de la evolución agrícola desde la época preromana; en las montañas persisten formas de explotación arcaicas y costumbres milenarias. Dentro de poco tiempo, teniendo en cuenta la rápida evolución estimulada por los gobiernos, será difícil realizar estudios de esta índole. Rápidamente disminuirá la trashumancia y se unificarán las leyes de explotación comunal. La emigración diezma ia población de las montañas más inhóspitas y muchos cultivos ceden ante la introducción de semillas selectas que proporcionan productos más apreciados. Los tratados de aparcería se convierten en simples contratos de arrendamiento en dinero y con frecuencia el campesino logra la propiedad del suelo que cultiva. La concentración parcelaria cambiará completamente las costumbres tradicionales de muchos concejos.
- La agricultura hispanoamericana. Cuando los españoles conquistaron América en la primera mitad del siglo xvi, encontraron civilizaciones autóctonas con un nivel agronómico algo elevado. Incas y aztecas, junto con otros pueblos menos importantes, conocían el riego y los abonos, pero empleaban aperos manuales. Como cereal básico poseían el maíz, junto con el mango (Bromas mango) y varios cereales parecidos a nuestras cebadas (probablemente del género Hordeum), como los llamados «teca», «hueguen» y «lanco»; cultivaban leguminosas como el «maní» (cacahuete), los altramuces, «chochos», y varias habichuelas o «porotos». Lo más singular de esta agricultura es el cultivo de los seudocereales, frutos secos y semillas de plantas pertenecientes a la familia de las quenopodiáceas, cuya harina utilizaban como alimento y en algunas prácticas religiosas. En el altiplano andino se cultiva aún la «cañigua» (Chenopodium pallidicaule) y la «quinúa» (Ch. quinoa), que ha sido el seudocereal incaico más importante; el Amaranthus mantegazzianm es propio de la Argentina, donde casi se ha perdido su cultivo; el A. hibridus var. Leucocarpus y el A. caudatus se cultivan en Asia Central y en América, donde es notable la extensión de sus variedades y muy particularmente los métodos empleados en su preparación culinaria.
Algodón, patatas, tomates, cacao, coca, tabaco, figuran entre los cultivos más importantes antes de la llegada de los españoles. Estos introdujeron el trigo, arroz, café, ganado vacuno, caballar, lanar, cabrío y de cerda. Las operaciones agrícolas absorbieron la actividad de la mayor parte de la población hispanoamericana. Los indios americanos no comprendían cómo los españoles utilizaban animales domésticos para los trabajos agrícolas; ellos conocían algunas aves domésticas y en la parte andina los camélidos: llama, alpaca, guanaco y vicuña.
Desde el tiempo de la conquista hasta la actualidad han coexistido tres tipos principales de dominio agrícola: 1) la finca grande o Hacienda; 2) la pequeña, cultivada personalmente por su propietario; y 3) las propiedades colectivas. En la última modalidad, toda la comunidad participa de los recursos naturales de la región ocupada y a cada miembro se le asigna una parcela de tierra cultivable para su uso particular. Este tipo de posesión fue muy corriente entre los indios hispanoamericanos, pero en la actualidad ha desaparecido casi completamente a pesar de los esfuerzos realizados por México —con cierto éxito— para hacerla revivir. Las propiedades particulares nacieron de donaciones concedidas a los miembros del ejército conquistador y a los inmigrantes. La hacienda es una adaptación americana del latifundio tan corriente en la España del siglo xvi. Los conquistadores poseían países enteros cultivados por los nativos. Es curioso observar que, mientras en Europa disminuían los latifundios, las haciendas americanas absorbieron mucha tierra que pertenecía a las colectividades o a propiedades particulares.
Una característica notable de la agricultura hispanoamericana, desde sus mismos comienzos, fue la de ser predominantemente comercial, ejemplo que posteriormente siguió Europa. En 1800 los productos agrícolas ocupaban el primer lugar entre las exportaciones hispanoamericanas; posteriormente aumentó mucho la exportación de artículos valiosos como la carne, café, azúcar, cereales, plátanos y plantas medicinales.
- Agricultura asiática. En comparación con Hispanoamérica, la agricultura del Extremo Oriente apenas si fue afectada por el contacto con los europeos. El rasgo característico de la agricultura asiática estriba en la necesidad imperiosa de proporcionar alimento a una población densa y predominantemente rural. La tierra, dividida en pequeñas parcelas intensamente cultivadas, se dedicaba a cosechas que servían al consumo directo del agricultor. La agricultura comercial dedicada a la exportación de productos era a todas luces impracticable. El Lejano Oriente desarrolló métodos agrícolas apropiados a sus circunstancias y no es mucho lo que pudieron hacer por mejorarlos los invasores y colonizadores europeos. La agricultura comercial realizó grandes progresos en el SE asiático, pero a costa de un precio doloroso para los nativos. Actualmente, sin embargo, el empleo progresivo de las técnicas europeas y americanas, junto con la mejora de las instalaciones, contribuirá indudablemente a elevar el nivel de los agricultores asiáticos.
La China del siglo xviii era en muchos aspectos representativa del estado de la agricultura oriental antes de que se intensificara el contacto con Occidente. El 80 por ciento de la población vivía de la agricultura. Entre las plantas cultivadas destacan el trigo, mijo, habas y algodón. Para conservar la fertilidad del suelo, los agricultores chinos utilizaban las legumbres, el estiércol con residuos vegetales y los excrementos humanos. Poseían una red de canales para el regadío, cuya distribución de aguas era regulada por el Estado. Sus métodos acusaban empero muchos puntos débiles. La tala de los bosques preparó el camino para las inundaciones catastróficas. Tierras cultivables aparecían incultas. Los aperos eran muy primitivos y la mano de obra humana se derrochaba con prodigalidad; apenas se utilizaban los animales domésticos. A pesar de todo, la estable y antiquísima agricultura china se anticipó en muchos aspectos al desarrollo ulterior de la Agronomía occidental.
Los agobios del Asia rural superpoblada se vieron agravados por los sistemas dominantes de la propiedad de la tierra. Bajo el feudalismo, que imperó en el Japón desde la más remota antigüedad hasta su abolición en 1868, los campesinos ofrecían a sus señores de uno a dos tercios de la cosecha. La desaparición del feudalismo no dio origen a un campesinado terrateniente, sino que creó grandes latifundios cultivados por arrendatarios. En la India y China había pequeños propietarios y grandes feudos pertenecientes a señores o a comunidades rurales. A pesar de que la propiedad rural era fenómeno corriente, se caracterizaba por su desigual distribución y era muy frecuente el cultivo por arrendamiento. En años de hambre, los campesinos pobres de la India, China y Japón se veían obligados a aceptar las onerosas exigencias de los usureros. Véase Agraria, Educación; Agraria, Ingeniería; Manorial, Sistema.
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