Algunas personas pueden inmunizarse al polen y otros alérgenos inhalados haciéndose inyectar extractos de dichas substancias. Si las inyecciones se dan con suficiente antelación a la estación del polen (en España, enero o febrero) o, aun mejor, durante todo el año, los propensos pueden verse libres de su enfermedad alérgica. Las dosis deben individualizarse según cada caso. Es norma aumentarlas a medida que las reacciones van siendo menores hasta obtener la inmunidad deseada. Con frecuencia se requieren de seis a ocho años de tratamiento continuo para la total inmunidad, aunque el alivio se acusa claramente desde el primero o segundo año. Muchos pacientes de fiebre del heno no tratados terminan por convertirse en asmáticos. El tratamiento debe continuarse, por tanto, aun cuando no proporcione completo alivio, ya que ello constituye en la mayoría de los casos el mejor preventivo del asma. Puede dar también buenos resultados la introducción de pequeños filtros en las ventanas de la nariz durante la estación del polen. El acondicionamiento de aire que incluya el filtrado constituye asimismo un valioso medio de prevención y alivio.
Para más información ver: Alergia.
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