Entre los numerosos afluentes que recibe el Cauca (más de 200) hay que destacar, por la derecha: el Vinagre, que nace en el volcán Puracé y debe su nombre a la acidez de sus aguas; es de curso torrencial y forma las cataratas de San Antonio; y el Nechí que con su tributario el Porce riegan el plácido valle de Medellín; recibe el Porce al Guadalupe, notable por una espléndida catarata de más de 250 m de altura. Por la izquierda el más importante tributario del Cauca es el San Jorge, que se le une después de 370 km de curso, cuando el Cauca entra en la llanura y está próximo a rendir su tributo al Magdalena.
La fosa tectónica que recorre el Cauca se ve ahondada más aún por la erosión. El valle es fértil y bien cultivado, con urbes como Popayán, Cali, Palmira y Cartago. En este hermoso valle se producen el cacao, tabaco, caña de azúcar, índigo, algodón y vainilla en las zonas bajas, y patatas, habichuelas y trigo en las meseteñas. Las zonas elevadas de la cuenca tienen espléndidas selvas, y son de interés económico especial los bosques de árboles de la quina de Popayán. Los pastos naturales permiten la cría extensiva del ganado vacuno, caballar y mular, que constituye la principal riqueza de la región.
El Cauca es, como el Magdalena, navegable en casi todo su recorrido, aunque con algunas interrupciones por rápidos y cascadas; la navegabilidad llega hasta más allá de Cartago. Juntamente con su río principal, y con los mejores afluentes de ambos forman una red fluvial que permite el transporte de los ricos productos de la meseta y de los valles andinos hacia la comarca atlántica de exportación.
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