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Todos los intentos que se realizaron durante la época colonial para crear un banco estable resultaron fallidos, pues hasta la formación de los Estados Unidos de Norteamérica no apareció un banco de verdadera importancia, el Banco de Norteamérica, que recibió su carta fundacional en 1781. Poco después abrieron sus puertas los bancos de Massachusetts y Nueva York, fundados en 1784, aunque este último no obtuvo la carta fundacional hasta 1791.
Ese año, el Gobierno Federal coadyuvó financiera y administrativamente a la creación del First Bank, que junto con el Second Bank, creado en 1816, logró la aceptación de sus pagarés o billetes en todo el país. Los 25 años que siguieron a la expiración de la carta fundacional del Second Bank fueron un periodo de flagrante abuso del sistema bancario, que indujo al Estado de Nueva York a legislar sobre las operaciones bancarias por medio de la Free Banking Act, aprobada en 1838. Como esta legislación, que inspiró decretos similares en buen número de Estados de la Unión, autorizaba la creación de bancos sin más requisito que atenerse a las normas estatuidas, estimuló notablemente la formación de establecimientos bancarios.
La tensión que hubieron de soportar las finanzas durante la Guerra de Secesión, la renuncia de la banca privada a colaborar con el Tesoro federal (1862) y la subsiguiente desconfianza del público en las instituciones financieras obligaron a tomar medidas que desembocaron a la larga en el establecimiento de un verdadero sistema nacional bancario, La National Banking Act (1864) estipuló una serie de provisiones similares a las dictadas anteriormente en Nueva York: depósito de bonos, incorporación general, responsabilidad de los accionistas y curso legal de los billetes del Banco Nacional, que a partir de 1879 fueron convertibles en oro. Sin embargo, el sistema de billetes adolecía de rigidez, como se demostró durante el pánico de 1907, en que los bancos se vieron en la imposibilidad de reintegrar todos los depósitos que les fueron exigidos, ya que excedían ampliamente al volumen de los billetes en circulación.
Todo ello indicó la,, conveniencia de dotar de mayor flexibilidad al sistema bancario. Los esfuerzos realizados en este sentido culminaron en la creación del Sistema de Reserva Federal (1913). Este sistema consiste en un Consejo de Administración y doce «Bancos de la Reserva» con personal y dirección independientes. Se escogió este procedimiento, con preferencia a la creación de un gran banco central con sucursales por todo el país, ante el temor de los bancos regionales a ser «dominados por Wall Street».
A este sistema pertenecer obligatoriamente como miembros los bancos nacionales y pueden adherirse a él los de los estados. Los bancos miembros de la Reserva Federal poseen todas sus acciones y tienen facultad de elegir seis de los nueve consejeros de cada banco de la Reserva. Los otros tres son designados por el Consejo de Administración del Sistema, que a su vez es nombrado por el presidente de Estados Unidos y confirmado por el Senado. Para salvar los inconvenientes que motivaron su formación, el Sistema remplazó los rígidos billetes bancarios por otros federales, respaldados en su 40 % por oro y el resto por papel comercial a corto plazo y de gran liquidez.
El Sistema de Reserva Federal ha ido evolucionando a medida que las necesidades lo exigían. En 1917 atrajo a los bancos de los estados con la promesa de no interferir en sus privilegios; en 1927 obtuvo carta de fundación perpetua; en 1933 y 1935 facilitó las operaciones de mercado abierto. Recientemente ha autorizado a los bancos de la Reserva a conceder crédito a los miembros del sistema que presenten un activo satisfactorio.
En 1955 existían en Estados Unidos 9000 bancos estatales y 4900 nacionales, cuyos servicios son ampliamente utilizados no sólo por los comerciantes sino por los particulares, quienes perciben sus salarios y pagan sus gastos domésticos en cheques.
Además del desarrollo de la banca en Estados Unidos durante el siglo XVIII y XIX, el sistema bancario del país ha experimentado importantes cambios en el siglo XX y XXI. A partir de la Gran Depresión de 1929, se promulgaron nuevas regulaciones y se implementaron medidas para fortalecer la supervisión y estabilidad financiera.
Durante la década de 1930, el gobierno de Estados Unidos estableció la Ley de Separación Bancaria de 1933, conocida como Glass-Steagall Act, que prohibía a los bancos comerciales realizar actividades de banca de inversión. Esta legislación buscaba evitar conflictos de interés y promover la seguridad del sistema financiero tras la crisis de la bolsa de valores de 1929.
Sin embargo, en 1999, se derogó el Glass-Steagall Act con la promulgación de la Ley Gramm-Leach-Bliley. Esta ley permitió la fusión de bancos comerciales con instituciones de inversión y seguros, dando lugar al surgimiento de los llamados bancos de servicios financieros o bancos universales.
La crisis financiera global de 2008 tuvo un impacto significativo en el sistema bancario estadounidense. La quiebra de grandes bancos de inversión, como Lehman Brothers, y la profunda recesión económica llevaron a la implementación de nuevas regulaciones y reformas. En 2010, se promulgó la Ley Dodd-Frank, que buscaba fortalecer la supervisión financiera, mejorar la transparencia y proteger a los consumidores.
Además de las regulaciones, la tecnología ha transformado la banca en Estados Unidos. El desarrollo de la banca en línea, los pagos electrónicos y las criptomonedas han cambiado la forma en que las personas realizan transacciones financieras y acceden a servicios bancarios.
En resumen, la historia de la banca en Estados Unidos ha sido caracterizada por la creación de instituciones financieras, la promulgación de leyes y regulaciones, y la adaptación a los cambios económicos y tecnológicos. El sistema bancario estadounidense ha evolucionado para satisfacer las necesidades financieras de los individuos y las empresas, al tiempo que se busca garantizar la estabilidad y la protección del sistema financiero.
Para más información ver: bancos y banca.
Ese año, el Gobierno Federal coadyuvó financiera y administrativamente a la creación del First Bank, que junto con el Second Bank, creado en 1816, logró la aceptación de sus pagarés o billetes en todo el país. Los 25 años que siguieron a la expiración de la carta fundacional del Second Bank fueron un periodo de flagrante abuso del sistema bancario, que indujo al Estado de Nueva York a legislar sobre las operaciones bancarias por medio de la Free Banking Act, aprobada en 1838. Como esta legislación, que inspiró decretos similares en buen número de Estados de la Unión, autorizaba la creación de bancos sin más requisito que atenerse a las normas estatuidas, estimuló notablemente la formación de establecimientos bancarios.
La tensión que hubieron de soportar las finanzas durante la Guerra de Secesión, la renuncia de la banca privada a colaborar con el Tesoro federal (1862) y la subsiguiente desconfianza del público en las instituciones financieras obligaron a tomar medidas que desembocaron a la larga en el establecimiento de un verdadero sistema nacional bancario, La National Banking Act (1864) estipuló una serie de provisiones similares a las dictadas anteriormente en Nueva York: depósito de bonos, incorporación general, responsabilidad de los accionistas y curso legal de los billetes del Banco Nacional, que a partir de 1879 fueron convertibles en oro. Sin embargo, el sistema de billetes adolecía de rigidez, como se demostró durante el pánico de 1907, en que los bancos se vieron en la imposibilidad de reintegrar todos los depósitos que les fueron exigidos, ya que excedían ampliamente al volumen de los billetes en circulación.
Todo ello indicó la,, conveniencia de dotar de mayor flexibilidad al sistema bancario. Los esfuerzos realizados en este sentido culminaron en la creación del Sistema de Reserva Federal (1913). Este sistema consiste en un Consejo de Administración y doce «Bancos de la Reserva» con personal y dirección independientes. Se escogió este procedimiento, con preferencia a la creación de un gran banco central con sucursales por todo el país, ante el temor de los bancos regionales a ser «dominados por Wall Street».
A este sistema pertenecer obligatoriamente como miembros los bancos nacionales y pueden adherirse a él los de los estados. Los bancos miembros de la Reserva Federal poseen todas sus acciones y tienen facultad de elegir seis de los nueve consejeros de cada banco de la Reserva. Los otros tres son designados por el Consejo de Administración del Sistema, que a su vez es nombrado por el presidente de Estados Unidos y confirmado por el Senado. Para salvar los inconvenientes que motivaron su formación, el Sistema remplazó los rígidos billetes bancarios por otros federales, respaldados en su 40 % por oro y el resto por papel comercial a corto plazo y de gran liquidez.
El Sistema de Reserva Federal ha ido evolucionando a medida que las necesidades lo exigían. En 1917 atrajo a los bancos de los estados con la promesa de no interferir en sus privilegios; en 1927 obtuvo carta de fundación perpetua; en 1933 y 1935 facilitó las operaciones de mercado abierto. Recientemente ha autorizado a los bancos de la Reserva a conceder crédito a los miembros del sistema que presenten un activo satisfactorio.
En 1955 existían en Estados Unidos 9000 bancos estatales y 4900 nacionales, cuyos servicios son ampliamente utilizados no sólo por los comerciantes sino por los particulares, quienes perciben sus salarios y pagan sus gastos domésticos en cheques.
Además del desarrollo de la banca en Estados Unidos durante el siglo XVIII y XIX, el sistema bancario del país ha experimentado importantes cambios en el siglo XX y XXI. A partir de la Gran Depresión de 1929, se promulgaron nuevas regulaciones y se implementaron medidas para fortalecer la supervisión y estabilidad financiera.
Durante la década de 1930, el gobierno de Estados Unidos estableció la Ley de Separación Bancaria de 1933, conocida como Glass-Steagall Act, que prohibía a los bancos comerciales realizar actividades de banca de inversión. Esta legislación buscaba evitar conflictos de interés y promover la seguridad del sistema financiero tras la crisis de la bolsa de valores de 1929.
Sin embargo, en 1999, se derogó el Glass-Steagall Act con la promulgación de la Ley Gramm-Leach-Bliley. Esta ley permitió la fusión de bancos comerciales con instituciones de inversión y seguros, dando lugar al surgimiento de los llamados bancos de servicios financieros o bancos universales.
La crisis financiera global de 2008 tuvo un impacto significativo en el sistema bancario estadounidense. La quiebra de grandes bancos de inversión, como Lehman Brothers, y la profunda recesión económica llevaron a la implementación de nuevas regulaciones y reformas. En 2010, se promulgó la Ley Dodd-Frank, que buscaba fortalecer la supervisión financiera, mejorar la transparencia y proteger a los consumidores.
Además de las regulaciones, la tecnología ha transformado la banca en Estados Unidos. El desarrollo de la banca en línea, los pagos electrónicos y las criptomonedas han cambiado la forma en que las personas realizan transacciones financieras y acceden a servicios bancarios.
En resumen, la historia de la banca en Estados Unidos ha sido caracterizada por la creación de instituciones financieras, la promulgación de leyes y regulaciones, y la adaptación a los cambios económicos y tecnológicos. El sistema bancario estadounidense ha evolucionado para satisfacer las necesidades financieras de los individuos y las empresas, al tiempo que se busca garantizar la estabilidad y la protección del sistema financiero.
Para más información ver: bancos y banca.
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