La era moderna del cemento de construcción empieza en 1760. Por aquella fecha, el ingeniero inglés John Smeaton, persiguiendo la composición más adecuada de cementos hidráulicos (que fraguan bajo el agua), descubrió que la caliza arcillosa daba mejores resultados que la caliza pura y dura, hasta entonces preferida. Este tipo de cemento se fabrica todavía con el nombre de cemento natural o de roca.
Pocos años más tarde tuvo lugar un nuevo descubrimiento de verdadera importancia: el del cemento pórtland, atribuido generalmente a otro inglés, Joseph Aspdin, que combinó cantidades determinadas de caliza y arcilla, calcinó la mezcla en un horno de cocción hasta obtener una escoria porosa y dura (clinca) y pulverizó esta escoria. El polvo resultante, mezclado con agua, proporcionó un cemento hidráulico de calidad muy superior a todos los conocidos hasta la fecha.
Aspdin lo patentó en 1824 con el nombre de cemento pórtland por su similitud con una piedra natural que se obtenía en las canteras de la isla de Portland, en aguas inglesas.
Para más información ver: cemento.
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