El alfabeto es una serie de
signos convencionales que representan, separadamente, los sonidos básicos de un
idioma.
Historia del alfabeto
Es invención relativamente reciente en el largo proceso seguido por el hombre para aprender a registrar los fenómenos producidos en el mundo circundante y en su propio interior. Para facilitar su memoria, el hombre primitivo empleaba nudos o bastones con muescas significativos de números, especialmente relativos al tiempo.
La primera forma de escritura se valía de dibujos para transmitir las ideas (v.
Jeroglíficos;
Pictografía).
Los sacerdotes egipcios, enfrentados con la necesidad de llevar las cuentas regias y los registros de las inundaciones del Nilo, de las que dependía el abastecimiento de los víveres, emplearon pictografías por lo menos 3300 años a. de J.C.
Gradualmente, los dibujos fueron remplazados por símbolos que representaban menos claramente objetos e ideas. Estos símbolos, llamados
ideogramas, empezaron después a emplearse para representar sílabas, porciones de palabras pronunciadas en una sola emisión de voz.
Algunas de estas sílabas poseían distintos significados en calidad de palabras completas, pero, al combinarse con otras, perdían su sentido original y adquirían otro nuevo de conjunto. Véase
Cuneiforme.
Puede afirmarse que la invención del alfabeto tuvo lugar hacia el año 2000 a. de J.C., en que un pueblo
semita, los seiritas, utilizaron 22 ideogramas egipcios para representar sonidos separados de su propio lenguaje. Tales símbolos reciben el nombre de
fonogramas.
El empleo por los egipcios de las pictografías e ideografías, con su multiplicidad engorrosa de símbolos, quedó limitado a la clase sacerdotal, mientras que los pueblos semíticos, especialmente los
fenicios, grandes traficantes, hicieron uso creciente de su invento que, por resultar más sencillo, encontró amplia difusión entre su propio pueblo y entre los extraños.
Cuando los griegos adoptaron el alfabeto semítico para representar los sonidos de su idioma, introdujeron el empleo de los
fonogramas correspondientes a las
vocales. Los alfabetos anteriores carecían, de ellos, porque las palabras se formaban básicamente con
consonantes, reservándose a las vocales el exclusivo papel de indicar diferencias
gramaticales.
Aunque se ignoran detalles reveladores del proceso por el cual el hombre pasó de la escritura pictórica a la
alfabética, en líneas generales puede arrojar luz sobre tal proceso el hecho de que la moderna letra
A, ideograma egipcio representativo de la cabeza y cuernos de un toro, fue llamada
aleph (que significa buey) en semítico y
alfa por los griegos. La palabra alfabeto es forma abreviada de las dos primeras letras del alfabeto griego, alfa y
beta.
Todos los alfabetos existentes proceden del semítico o del griego. El alfabeto romano de 23 letras se derivó del griego de 24.
Quizá haya habido alguna influencia del alfabeto
etrusco sobre el romano, que es el antecesor inmediato del empleado por la mayor parte de los idiomas europeos.
Los alfabetos
cirílicos, utilizados en Rusia y otros países eslavos, excepto Polonia y la antigua checoslovaquia, proceden del griego.
El alfabeto semítico fue la base, no solamente en las lenguas del
Antiguo Testamento de la Biblia, sino también del
hebreo moderno,
árabe y todos los alfabetos asiáticos.
El
chino es ejemplo vivo de lenguaje
ideográfico, en que las letras escritas no guardan relación alguna con los sonidos pronunciados.
Los japoneses, que tomaron sus caracteres de los chinos, poseen un alfabeto que puede llamarse
silábico, con caracteres que corresponden a sonidos.
Desde que el alfabeto romano dejó de emplearse como vehículo de lengua viva, solamente se le añadieron tres letras: j, que en un principio se representó por i; v, representada primeramente por u; y w, que se representó doblando la u o la v, como lo recuerdan los nombres respectivos de esta consonante en inglés (doble u) y español (v doble). Las lenguas
germánicas necesitaban la w para representar un sonido inexistente en los idiomas románicos.
Donde más perfectamente se ha logrado el anhelado objetivo de conseguir con el romano una correspondencia perfecta y sencilla entre los sonidos del idioma y los símbolos que los representan es en el
español e
italiano, y donde más imperfectamente se consiguió ese mismo propósito es en el
inglés, que posee una letra absolutamente innecesaria, la x, como se demuestra en las palabras wax y socks; una c suave y s, que se corresponden, lo mismo que la g suave y j.
La h del español se halla en un caso análogo, pues sola es muda y con la c forma una letra distinta:
ch (actualmente eliminada como letra en nuestro lengua).
El Alfabeto Fonético Internacional, ideado por el francés Paul Passy, entre 1885 y 1889, para representar cada sonido simple por un símbolo simple sólo ha servido hasta ahora exclusivamente para los estudiantes de idiomas.
Muchos de nuestros conocimientos exactos acerca de la transmisión de los métodos de escritura y la primera historia del alfabeto proceden de descubrimientos arqueológicos.
Las excavaciones llevadas a cabo en Irán y Siria han permitido seguir el desarrollo del alfabeto entre los pueblos semíticos desde los siglos xiii y xiv a. de J.C. y aun desde 1600 a. de J.C. con considerable precisión.
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