Se confunde a menudo la Cosmología con la Cosmogonía (de cosmos y engendrar), que estudia el origen del Universo físico y a veces el origen del orden existente en el firmamento y en el mundo. Los dos estudios pueden ser y han sido considerados bajo un triple aspecto: poético, filosófico y científico.
La cosmología se basa en la observación y el análisis de fenómenos astronómicos, así como en la elaboración de teorías y modelos que intentan explicar la estructura, evolución y composición del universo. Busca entender la naturaleza de los cuerpos celestes, las galaxias, las estrellas, los planetas, los agujeros negros y otros objetos cósmicos, así como el origen y destino del universo en su conjunto.
Por otro lado, la cosmogonía se ocupa específicamente de investigar el origen y formación del universo. Abarca hipótesis y teorías sobre cómo surgieron los elementos y las fuerzas fundamentales que componen el cosmos, cómo se crearon las galaxias y las estrellas, y cómo surgieron las condiciones necesarias para la vida en la Tierra y en otros lugares.
La cosmología y la cosmogonía han experimentado un largo desarrollo a lo largo de la historia humana. Desde las antiguas civilizaciones hasta la actualidad, diferentes culturas han generado mitos, leyendas y explicaciones sobre el origen y la naturaleza del universo. Estas narrativas, además de tener un carácter poético y filosófico, han contribuido a sentar las bases para el estudio científico de la cosmología y la cosmogonía.
A medida que la ciencia ha avanzado, se han desarrollado diversas teorías y modelos científicos que intentan explicar los fenómenos cósmicos. Desde la teoría del Big Bang, que propone que el universo tuvo un inicio explosivo y ha estado expandiéndose desde entonces, hasta las teorías sobre la existencia de múltiples universos o dimensiones, la cosmología y la cosmogonía continúan evolucionando y generando nuevas perspectivas sobre nuestro lugar en el cosmos.
La Cosmogonía fue originalmente poética
Los subsiguientes análisis filosóficos y la frecuente repudiación de relatos poéticos condujeron a descripciones del orden del mundo apoyadas en una supuesta razón pura.
Tales descripciones cosmológicas difieren de la Cosmogonía en que su punto de partida es el mundo tal como existe actualmente (hasta donde la razón puede afirmarlo) más bien que en la especulación sobre su posible origen; su método es analítico y racional antes que poético.
Posteriormente, la Ciencia insistió en un examen más profundo del punto de partida de la Cosmología, alegando que la investigación no debía partir de lo que los hombres creen ser el mundo, sino de lo que la observación cuidadosa y metódica (científica) revela que es en realidad.
Uno de los primeros problemas que la Ciencia abordó al ocuparse de la cuestión de la constitución del cosmos fue el del origen del mundo, es decir, la Cosmogonía. La estrecha relación existente entre la Cosmología y la Cosmogonía hace necesaria la definición exacta de los términos al discutirlos.
La Cosmogonía puede significar o bien la poesía o mitos primitivos (nunca críticos y a menudo inconsistentes) sobre el origen del mundo o bien la ciencia del origen del mundo a la luz de las leyes naturales descubiertas empíricamente.
También la Cosmología presenta un doble significado: especulación filosófica sobre la naturaleza del mundo, no habida cuenta de la observación sistemática; o análisis crítico de datos y resultados del estudio científico del mundo, comprendida una valoración de los supuestos, conceptos y criterios de la ciencia.
A. N. Whitehead, figura destacada entre estos cosmólogos críticos, sostuvo en Process and Reality (1929) que la Filosofía debe negarse a aceptar cualquier exposición meramente parcial como una verdad total.
Por ejemplo, la Ciencia distingue el mundo espacio-temporal del mental o espiritual. Pero la atención principal de la Ciencia hacia el primero parece implicar a menudo que el segundo no es real.
El estudio de la Cosmología, afirmó Whitehead, debe determinar el grado de realidad que ha de ser atribuido a cada reino e investigar la posibilidad de reducir los dos mundos a uno por medio de una «teoría unificada».
Cosmogonía primitiva
Consistía en mitologías que surgieron, al parecer, de la imposibilidad en que se veía el hombre de aceptar la explicación de la existencia por sí misma; debía suponerse que algún agente preternatural la había engendrado.
En casi todas las cosmogonías primitivas el agente de la creación forma el Universo con materia caótica previamente existente (más bien que por un acto de creación de la nada). La mayor parte de ellas consideran que esta operación se llevó a cabo en un tiempo relativamente corto (más que por una evolución lenta).
La Cosmogonía india fue la más especulativa: el Señor, que existe por sí mismo, piensa y su pensamiento se convierte en realidad en forma de «aguas» y una «semilla» que más tarde se convierte en el huevo del que nace Brahma, padre del mundo.
Los egipcios hablaban de una inundación preexistente que creían contenía el semen de todas las cosas que fueron, a su vez creadas por un dios llamado Khnumu Thoth o Ptah. El relato de la Creación que se lee en el Génesis es el más conocido y goza de caracteres singulares (ver: Biblia).
El mito griego de Urano, sus hijos y nietos, es probablemente el más rico en contenido imaginativo.
Comienzos de la Cosmología
El griego Tales (600 a. de J.C.) discutió el antropomorfismo de la Mitología y estableció el agua como esencia de todas las cosas.
Este fue el comienzo de la Cosmología. Platón expresó la relación existente entre este mundo imperfecto y el de las ideas perfectas y supuso la existencia de un Demiurgo, que creó el mundo de la nada o espacio, haciéndolo tan semejante a las ideas como lo permitían las limitaciones intrínsecas de la materia (ver: Demiurgo).
La teoría aristotélica suponía al mundo eterno y explicaba que había recibido su forma de su movimiento hacia el «motor inmóvil» que todo lo atrae teleológicamente (v. Aristóteles).
La teoría platónica, modificada por el concepto cristiano de la creación, dominó hasta el siglo xiii en que Santo Tomás de Aquino popularizó a Aristóteles.
A principios del siglo xvii Galileo derribó la bien arraigada teoría ptolomeica al negar experimentalmente el concepto de la Tierra fija como centro del Cosmos. Con ello sustentaba la teoría heliocéntrica de Copérnico, corroborada ulteriormente por Brahe y Kepler (v. Brahe, Tycho; Copérnico; Galileo; Kepler).
Descartes afirmaba, por su parte, que todo el espacio está lleno de materia puesta en movimiento por Dios; las colisiones resultantes obligaban a que el movimiento se efectuara según una trayectoria circular y desgastaban la materia en pequeñas partículas que caían en el vértice, al paso que los trozos mayores quedaban en la periferia: el centro se convirtió en el Sol y los fragmentos periféricos en planetas (v. Rene Descartes).
Newton, en sus Principios Matemáticos de Filosofía Natural (1687), consideró el Universo como una gran «máquina» gobernada en todas sus partes por las mismas leyes descriptibles matemáticamente que un científico pueda descubrir en sus experimentos (v. Newton, Isaac).
Tras Newton teorizaba Immanuel Kant, en 1755, en el sentido de que la «gravedad» condensaba la materia primitiva bombardeando el centro del Cosmos; el calor resultante y la rotación del Sol hicieron desprenderse masas que más tarde se convirtieron en planetas.
Cuarenta y un años más tarde, Pierre Laplace, aplicando la ciencia newtoniana, transformó la idea de Kant en la primera Cosmogonía sistemática y realmente científica, la llamada «hipótesis nebular» que prevaleció hasta principios del siglo xx.
Teorías posteriores
La afirmación de Kant «Dadme materia y construiré un mundo con ella» expresaba la naturaleza universal de la materia. Laplace contribuyó en gran manera a la ciencia y astronomía matemáticas mostrando la posibilidad fisicomatemática de que nuestro sistema solar se hubiera formado de las envolturas gaseosas que circundaban al Sol.
El perfeccionamiento del telescopio por Herschel en 1782 (v. Herschel, Sir John) y el desarrollo de la técnica del espectroscopio en 1817 (v. Espectro) permitieron al inglés Lord Kelvin predecir la temperatura de las estrellas y la edad de la Tierra.
Mientras tanto, Jeans y Eddington facilitaron información sobre la densidad y modo de radiación de los cuerpos celestes.
George Gamow y Cari von Weizäcker determinaron que la composición del Sol y de las estrellas es principalmente una mezcla de hidrógeno y helio.
Aunque estos y otros investigadores contribuyeron decisivamente a la estructuración de la moderna Cosmología, sólo la Teoría de la Relatividad de Einstein (v. Relatividad) ha sido capaz de desplazar los problemas cosmológicos del campo de la poesía y de la filosofía especulativa al de la física.
La introducción de conceptos tales como la cuarta dimensión, la constancia de la velocidad de la luz, la curvatura del espacio y el Universo finito constituyeron una revolución en el pensamiento científico.
Así como la Teoría de la Relatividad proporcionó un concepto físico del Universo, la de los cuantos (ver: teoría cuántica) nos ofreció uno del átomo.
La teoría unificada iniciada por Einstein y continuada por Heisenberg intentó tender un puente entre las dos y por medio de él una explicación física del Cosmos.
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