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Nuestro conocimiento presente de la historia de la Ciencia nos ayuda a hacernos una idea del ideal perseguido por ella: el descubrimiento de medios absolutamente eficaces para la obtención de cada fin. Es decir, la finalidad de la Ciencia es darnos seguridad absoluta de éxito en la prosecución de un objetivo, cualquiera que éste sea. Con relación a este ideal, podremos medir el progreso en un sentido no ya relativo, sino objetivo. El significado del ideal aquí propuesto es susceptible, a su vez, de investigación experimental, a través de un estudio histórico de los intereses colectivos de la Ciencia.
A la luz de esta enunciación de los fines de la Ciencia podemos distinguir entre ciencia teórica y práctica. Esta última intenta encontrar medios eficaces para alcanzar los fines que busca nuestro propio progreso, mientras que la teórica trata de objetivos más generales y últimos. Es de notar, sin embargo, que lo que es teórico hoy puede convertirse en práctico mañana. La investigación atómica, por ejemplo, fue una vez casi completamente teórica; hoy la investigación de esos mismos problemas es, en gran parte, práctica.
Sobre la base de este examen histórico del método científico podemos determinar los pasos a dar para el desarrollo de un plan experimental completo, tendente a conseguir respuesta científica a cualquier posible cuestión.
Cuatro importantes pasos.
Los pasos a que se viene aludiendo serán los siguientes: 1) determinación del propósito de la investigación, es decir, determinación del fin o fines que ha de llenar la información buscada; 2) valoración del fin o fines, según el criterio del progreso humano; 3) determinación de lo que se puede presuponer como base de la investigación; 4) determinación de los pasos que han de darse para obtener respuesta a la cuestión planteada. A continuación nos referiremos más de cerca a cada uno de estos puntos.
1) Para hacer explícita la finalidad de la investigación, el científico deberá examinar todas las posibilidades, es decir, plantearse todas las posibles alternativas. Por medio de una adecuada clasificación, deberá procurar que el número de esas alternativas sea lo más reducido posible. Para cada alternativa, el científico deberá ser capaz de mostrar el correspondiente camino a seguir, caso de adoptarla. Este requisito se olvida fácilmente, con la consecuencia de que las conclusiones experimentales no llevan a ninguna parte, dado que no se sabe qué hacer con ellas una vez conseguidas. Cada una de las alternativas de acción se dirigirá hacia la consecución del fin o fines de la investigación. Claro está que el investigador se apoyará en la misma base de la investigación para escoger el camino de acción más eficaz. Estas observaciones tienen validez, ya se trate de una investigación teórica (de largo alcance) o práctica (de objetivo inmediato).
2) Seguidamente, el experimentador valorará el objetivo del experimento. Este punto es necesario para decidir un número de cuestiones importantes en relación con el plan experimental. Por ejemplo, necesitamos saber cuánto tiempo y esfuerzo hemos de emplear en la investigación, cuántas observaciones hay que hacer, cuántos cálculos matemáticos debemos realizar, etc. En otras palabras, mediremos la importancia del objetivo para estudiar la posible economía de tiempo y esfuerzo. Más adelante valoraremos el objetivo de otra forma, para determinar qué consecuencias se seguirían de una posible equivocación. Si adoptamos una hipótesis errónea, seguiremos también un camino de acción extraviado; esto es muy serio si el objetivo es importante (por ejemplo, preservar la vida) y relativamente insignificante si el objetivo carece de importancia. Esta evaluación de posibles fallos es fundamental en un plan experimental completo, porque nos dice cómo llevar a cabo las observaciones para evitar más eficazmente serios errores. De aquí que, en cada hipótesis, hayamos de considerar qué consecuencias entrañaría aceptarla, si algunas de las demás fueran, en realidad, las verdaderas.
3) Después, el experimentador decidirá qué y cuántos postulados debe aceptar como más idóneos. Esta decisión se basará parcialmente en el juicio formado sobre la importancia del objetivo. Si éste no es de gran importancia, se mostrará dispuesto a admitir más postulados para reducir tiempo y esfuerzo. La cuestión, en suma, dependerá de la importancia del objetivo y el grado de solvencia que se pretenda de la información buscada.
4) Finalmente, el investigador adoptará las precauciones necesarias para elegir la hipótesis más conveniente. En primer lugar, sobre la base de los supuestos previos, determinará los aspectos fundamentales del problema, es decir, lo que debe considerar, que serán aquellos que puedan influir en la exactitud de los resultados; por ejemplo, la temperatura de una habitación, si se trata de medir la longitud de una varilla de metal. Luego decidirá cuáles de estos aspectos han de estudiarse y cómo.
La minuciosidad de estas indagaciones dependerá, una vez más, de la importancia del objetivo. El investigador podrá modificar sistemáticamente ciertos aspectos del problema y permitir que otros se ajusten a la nueva situación. También podrá disponerlos de manera que logre obtener una visión representativa del conjunto. En realidad no existen normas fijas ni universales para jlevar a cabo estas operaciones; las sugeridas por Mili en sus «Cánones de la Inducción» no pasan de ser algunas de las muchas que pueden aplicarse en el proceso experimental. Muchas veces las modificaciones se basan en el correspondiente análisis estadístico. En cualquier caso, todas las operaciones se llevarán a cabo de modo tal que puedan reconstruirse más tarde y, por consiguiente, comprobarse. Este es uno de los detalles más olvidados y difíciles del método científico; su solución estriba en la reducción de la ambigüedad en la expresión lingüística y, por ende, dependerá del ulterior avance de la psicología y sociología de los signos de expresión y el lenguaje.
Una vez realizadas las operaciones y obtenidas las informaciones del caso, deberá el investigador analizar sus resultados para escoger la mejor hipótesis. Se conseguirá un análisis exacto de datos aplicando los procedimientos estadísticos, que tienen la ventaja de minimizar las oportunidades de cometer errores críticos, si se aplican convenientemente. Hasta qué punto se ha de llevar el grado de exactitud del análisis dependerá, también esta vez, de la importancia del objetivo a alcanzar.
En fin, el investigador hará la debida recapitulación de resultados que conduzca al camino apropiado de acción. De nuevo aquí se impone una cuidadosa exposición, basada en el conocimiento del lenguaje y el modo de usarlo sin ambigüedades. Porque lo fundamental ahora es disponer de una información exacta que señale la acción que mejor convenga a la hipótesis establecida.
Para más información ver: ciencia y método científico.
A la luz de esta enunciación de los fines de la Ciencia podemos distinguir entre ciencia teórica y práctica. Esta última intenta encontrar medios eficaces para alcanzar los fines que busca nuestro propio progreso, mientras que la teórica trata de objetivos más generales y últimos. Es de notar, sin embargo, que lo que es teórico hoy puede convertirse en práctico mañana. La investigación atómica, por ejemplo, fue una vez casi completamente teórica; hoy la investigación de esos mismos problemas es, en gran parte, práctica.
Sobre la base de este examen histórico del método científico podemos determinar los pasos a dar para el desarrollo de un plan experimental completo, tendente a conseguir respuesta científica a cualquier posible cuestión.
Cuatro importantes pasos.
Los pasos a que se viene aludiendo serán los siguientes: 1) determinación del propósito de la investigación, es decir, determinación del fin o fines que ha de llenar la información buscada; 2) valoración del fin o fines, según el criterio del progreso humano; 3) determinación de lo que se puede presuponer como base de la investigación; 4) determinación de los pasos que han de darse para obtener respuesta a la cuestión planteada. A continuación nos referiremos más de cerca a cada uno de estos puntos.
1) Para hacer explícita la finalidad de la investigación, el científico deberá examinar todas las posibilidades, es decir, plantearse todas las posibles alternativas. Por medio de una adecuada clasificación, deberá procurar que el número de esas alternativas sea lo más reducido posible. Para cada alternativa, el científico deberá ser capaz de mostrar el correspondiente camino a seguir, caso de adoptarla. Este requisito se olvida fácilmente, con la consecuencia de que las conclusiones experimentales no llevan a ninguna parte, dado que no se sabe qué hacer con ellas una vez conseguidas. Cada una de las alternativas de acción se dirigirá hacia la consecución del fin o fines de la investigación. Claro está que el investigador se apoyará en la misma base de la investigación para escoger el camino de acción más eficaz. Estas observaciones tienen validez, ya se trate de una investigación teórica (de largo alcance) o práctica (de objetivo inmediato).
2) Seguidamente, el experimentador valorará el objetivo del experimento. Este punto es necesario para decidir un número de cuestiones importantes en relación con el plan experimental. Por ejemplo, necesitamos saber cuánto tiempo y esfuerzo hemos de emplear en la investigación, cuántas observaciones hay que hacer, cuántos cálculos matemáticos debemos realizar, etc. En otras palabras, mediremos la importancia del objetivo para estudiar la posible economía de tiempo y esfuerzo. Más adelante valoraremos el objetivo de otra forma, para determinar qué consecuencias se seguirían de una posible equivocación. Si adoptamos una hipótesis errónea, seguiremos también un camino de acción extraviado; esto es muy serio si el objetivo es importante (por ejemplo, preservar la vida) y relativamente insignificante si el objetivo carece de importancia. Esta evaluación de posibles fallos es fundamental en un plan experimental completo, porque nos dice cómo llevar a cabo las observaciones para evitar más eficazmente serios errores. De aquí que, en cada hipótesis, hayamos de considerar qué consecuencias entrañaría aceptarla, si algunas de las demás fueran, en realidad, las verdaderas.
3) Después, el experimentador decidirá qué y cuántos postulados debe aceptar como más idóneos. Esta decisión se basará parcialmente en el juicio formado sobre la importancia del objetivo. Si éste no es de gran importancia, se mostrará dispuesto a admitir más postulados para reducir tiempo y esfuerzo. La cuestión, en suma, dependerá de la importancia del objetivo y el grado de solvencia que se pretenda de la información buscada.
4) Finalmente, el investigador adoptará las precauciones necesarias para elegir la hipótesis más conveniente. En primer lugar, sobre la base de los supuestos previos, determinará los aspectos fundamentales del problema, es decir, lo que debe considerar, que serán aquellos que puedan influir en la exactitud de los resultados; por ejemplo, la temperatura de una habitación, si se trata de medir la longitud de una varilla de metal. Luego decidirá cuáles de estos aspectos han de estudiarse y cómo.
La minuciosidad de estas indagaciones dependerá, una vez más, de la importancia del objetivo. El investigador podrá modificar sistemáticamente ciertos aspectos del problema y permitir que otros se ajusten a la nueva situación. También podrá disponerlos de manera que logre obtener una visión representativa del conjunto. En realidad no existen normas fijas ni universales para jlevar a cabo estas operaciones; las sugeridas por Mili en sus «Cánones de la Inducción» no pasan de ser algunas de las muchas que pueden aplicarse en el proceso experimental. Muchas veces las modificaciones se basan en el correspondiente análisis estadístico. En cualquier caso, todas las operaciones se llevarán a cabo de modo tal que puedan reconstruirse más tarde y, por consiguiente, comprobarse. Este es uno de los detalles más olvidados y difíciles del método científico; su solución estriba en la reducción de la ambigüedad en la expresión lingüística y, por ende, dependerá del ulterior avance de la psicología y sociología de los signos de expresión y el lenguaje.
Una vez realizadas las operaciones y obtenidas las informaciones del caso, deberá el investigador analizar sus resultados para escoger la mejor hipótesis. Se conseguirá un análisis exacto de datos aplicando los procedimientos estadísticos, que tienen la ventaja de minimizar las oportunidades de cometer errores críticos, si se aplican convenientemente. Hasta qué punto se ha de llevar el grado de exactitud del análisis dependerá, también esta vez, de la importancia del objetivo a alcanzar.
En fin, el investigador hará la debida recapitulación de resultados que conduzca al camino apropiado de acción. De nuevo aquí se impone una cuidadosa exposición, basada en el conocimiento del lenguaje y el modo de usarlo sin ambigüedades. Porque lo fundamental ahora es disponer de una información exacta que señale la acción que mejor convenga a la hipótesis establecida.
Para más información ver: ciencia y método científico.
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