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Brillantes civilizaciones precolombinas. Por su posición geográfica, la historia de Bolivia ha fluctuado siempre entre las áreas culturales de los Andes y las de la cuenca del Plata. Antes de la llegada de los españoles había dos núcleos de civilización: el altiplano, altamente civilizado, y los llanos orientales, mucho más primitivos.
La cultura boliviana más antigua es la de Tiahuanaco, pequeño lugar situado a pocos kilómetros del lago Titicaca, en el que persisten las ruinas de una cultura que influyó grandemente en las comarcas vecinas. El esplendor de esta cultura debió acaecer hacia el año 200 d. de J.C. y su decadencia varios siglos antes de la invasión incaica. Tiahuanaco era más bien un centro religioso que una ciudad. Los constructores de este santuario es posible que no fuesen muy distintos de los actuales aimarás y debían proceder de las yungas por los abundantes motivos de la fauna de esa región que figuran en sus construcciones.
Más reciente es la cultura de la Colla, desarrollada por los actuales aimarás, que arruinaron a la de Tiahuanaco hacia los siglos ix y x de nuestra era. Eran cultivadores y su presencia en el país se remonta a muchos siglos antes, pero su esplendor no ocurrió hasta la ruina de la cultura antes citada.
A mediados del siglo xiii, con el quinto inca, Capac Yupanqui, comienza la penetración de los quechuas, portadores de una civilización superior y emparentados étnicamente con los aimarás. Los incas dieron una organización uniforme al país y anularon a los aimarás, que persistieron como pueblo sojuzgado. En 1531, poco antes de la llegada de los españoles, la actual Bolivia era una porción del Imperio de los Incas, que se extendía desde el Ecuador hasta el N de Chile, al margen del cual quedaban extensas porciones de los llanos habitados por indígenas de raza guaraní, que vivían en un grado inferior de civilización.
Bolivia entre dos núcleos de la colonización española.
Situada entre el Perú y las tierras del Plata, Bolivia fluctuaría en un principio entre estos dos centros sin adquirir una personalidad definida, para inclinarse luego hacia el Perú, de cuya colonización sería un apéndice.
Las primeras penetraciones españolas en Bolivia se efectúan desde las tierras del Plata. La fama del Rey Blanco y de la Sierra de Plata había llegado a los colonizadores a través de sus contactos con los guaraníes del Paraná-Paraguay. Uno de los supervivientes de la expedición de Juan Díaz de Solís al estuario del Plata, Alejo García, con cuatro de sus compañeros, concibió la idea de conquistar dichas tierras fabulosas, que no eran más que el eco deformado del Imperio de los Incas y de las minas andinas. Para realizar esta idea organizó una expedición que de 1516 a 1524 atravesó todo el Chaco desde el río Paraguay hasta el pie de los Andes, llegando hasta el emplazamiento de la actual Sucre.
Hacia 1535 penetró procedente del Perú, más al S del lago Titicaca, el dominico Fray Tomás de San Martín y, más tarde, los hermanos Gonzalo y Hernando Pizarro, que terminaron la conquista del Alto Perú (así se llamaba en la época española la actual Bolivia) hacia 1538, después de vencer una tenaz resistencia de los indígenas. La mayor proximidad al Perú hizo que Bolivia se inclinase decididamente hacia aquella región. Cuando en 1544 se descubren las ricas minas de plata de Potosí la colonización se inclinó hacia la explotación minera y, cuando Irala llegó en 1547 procedente del Paraguay, la vocación de Bolivia ya estaba decidida. La colonización de Bolivia se afirma por la fundación de una serie de ciudades: Chuquisaca (actual Sucre), La Paz, Villa de Oropesa (Cochabamba), Santa Cruz, Oruro y otras.
La riqueza de las minas, las desigualdades étnicas, los abusos de muchos y las rivalidades entre los conquistadores contribuirían a dar al Alto Perú durante los siglos xvi, xvii y xviii una historia turbulenta. La colonización minera agotó en parte las energías de la población e imposibilitó el progreso de otras actividades. Los indígenas no estaban obligados a trabajar en las minas sino cuatro meses con un descanso de dos años, pero al ver la posibilidad de ganar un jornal de forma permanente, se quedaban voluntariamente en ellas con el consiguiente perjuicio para la agricultura. Contra el trabajo agotador de las minas clamaban los mismos virreyes, que no podían luchar con el imperativo económico y social de la atracción de los centros mineros sobre las masas campesinas. En este periodo el Alto Perú se vio ensangrentado por las rivalidades intestinas de los españoles, entre las que destaca la contienda entre los vascos y los vicuñas, formados los primeros por los inmigrantes vascos, en cuyas manos estaba gran parte de la riqueza del país, y los segundos por los inmigrantes procedentes de otras regiones españolas unidos a los criollos. Durante casi toda la época de la colonización española, el Alto Perú fue una dependencia administrativa del gobierno de Lima. En 1551 se estableció una Audiencia en La Plata (nombre primitivo de la actual Sucre), con unos límites amplísimos; en 1776, al fundarse el Virreinato de La Plata, se le agregó la Audiencia de Charcas, aunque hasta el fin de la colonización española sus comunicaciones normales estuvieran orientadas hacia el Perú. A finales del siglo xviii la vida del Alto Perú se hizo todavía más turbulenta por diversas sublevaciones indígenas. Gran importancia tuvo la del indio Tomás Catari, que, al no ver atendidas sus quejas, se levantó contra el gobernador Blas Bernal; la sublevación acabó con la muerte del rebelde en 1781. En esa misma época se extendió al Alto Perú la sublevación iniciada en el Bajo Perú por Túpac Amaru, que motivó el cerco de varias ciudades por los indígenas, entre ellas La Paz, la cual tuvo que resistir un sitio de seis meses.
Bolivia, punto de partida de la Confederación de la América del Sur.
La independencia de Bolivia sería el fruto de una serie de movimientos nacionalistas procedentes del interior, unidos al conjuro de las campañas libertadoras realizadas por Bolívar y San Martín. La Universidad de Chuquisaca sería uno de los núcleos intelectuales más activos e influyentes de la independencia hispanoamericana. Por otra parte, en 1809 estallaron en dicha ciudad y en La Paz sendos levantamientos nacionalistas, que, aunque fueron pronto conjurados, originarían una persistente hostilidad contra los españoles, cuya expulsión quedó decidida en la batalla de Ayacucho (1824). Después de dicha batalla el mariscal Antonio José de Sucre decidió avanzar hacia el Alto Perú para liquidar los escasos restos del ejército español.
El nacimiento de Bolivia como República independiente se debió a un complejo de diversas circunstancias. En primer lugar, la situación de las provincias del Alto Perú parecía ideal para establecer un equilibrio entre los países pía tenses y los andinos. Por otra parte, la independencia del Perú, que tanta influencia tuvo en la de Bolivia, fue obra de jefes colombianos que no tenían reivindicaciones nacionalistas que oponer a los deseos autonomistas de los intelectuales de Chuqui-saca. Finalmente, la Argentina, preocupada por defender la Banda Oriental del Uruguay contra los avances brasileños y deseando para ello el apoyo de Bolívar, había concedido autonomía a sus provincias del norte. Bajo el peso de estas circunstancias, nada más llegar a La Paz, convocó Sucre una asamblea el 9 de febrero de 1825 para determinar el destino de las provincias del Alto Perú. El 10 de julio de ese año, una asamblea instalada en Chuquisaca decidió la proclamación de la República y pidió a Simón Bolívar un proyecto de Constitución.
Ante los deseos autonomistas de los altoperuanos, Bolívar pensó hacer de la República que habían bautizado con su nombre el punto de partida para su grandioso proyecto de la Confederación de la América del Sur. Para ello promulgó una Constitución que consideraba prototípica de la de su proyectada Confederación, en la que se establecía una presidencia vitalicia, con facultades para elegir su sucesor, y un Senado hereditario, mezclando así la tradición monárquica española con las ideas norteamericanas del momento. Una asamblea reunida el 25 de mayo de 1826 nombró presidente a Sucre.
El caudillismo, las oligarquías y la desmembración nacional.
Bolivia había nacido a la vida independiente como un cuerpo extenso y poco armónico: comprendía una superficie próxima a los 3000000 de km2 de muy diversas características geográficas; estaba habitada por grandes masas de población escasamente instruida; en su minoría dirigente había una predisposición al individualismo, que se remontaba a la época de Pizarro, y, por añadidura, sus vecinos, más coherentes y mejor organizados, aspiraban a repartirse sus despojos. Durante más de un siglo, Bolivia buscó su equilibrio sin encontrarlo y vivió una agitada historia: en el interior, los periodos de anarquía alternaron con los de opresivas dictaduras; en el exterior, una continua mutilación la fue privando del patrimonio nacional, que quedó reducido a la mitad.
La crisis política comenzó nada más subir Sucre a la presidencia ante las ambiciones personales de los que se consideraban relegados por un extraño. Pese al corto y agitado periodo de su mandato, Sucre realizó una fructífera labor: adoptó la división administrativa francesa en departamentos y provincias, procuró sanear las finanzas y mejoró la educación. En 1828 las intrigas de sus enemigos obligáronle a dimitir.
Después de la retirada de Sucre se produce la primera gran crisis exterior, provocada por los deseos anexionistas de Perú. El general Andrés Santa Cruz, presidente en 1829-39, aspiraba a la unión de Perú y Bolivia en una Confederación como medio de equilibrar el poderío de las potentes naciones vecinas. La Confederación se articuló en tres estados: Perú del Norte, Perú del Sur y Bolivia, cuyos caudillos estaban sometidos a la jefatura de Santa Cruz, que recibió el título de Protector. Dicha Confederación sólo duró de 1836 a 1839 por los recelos de Chile, que terminó con ella en la batalla de Yungai. La anarquía que estalló en el país a la caída de Santa Cruz, después del fracaso de la Confederación, y el deseo del Perú de anexionarse el territorio de La Paz motivaron una invasión de Bolivia, que fue rechazada por el general José Ballivián el 18 de noviembre de 1841 en la batalla de Ingaví. Esta victoria no fue aprovechada para restaurar el orden en el país y en pocos años se suceden una serie de caudillos, que las más de las veces sólo procuran sátisfacer sus ambiciones personales. Uno de ellos, Belzú, pretende apoyarse en las masas cholas e indias para mantenerse en el poder, pero muere trágicamente. En 1857 sube al poder el primer gobernante civil, doctor José María Linares, que fracasó en su empeño de establecer una democracia ideal en un pueblo sin evolucionar. Una revuelta encumbró en 1864 al general Mariano Melgarejo, que inició una de las dictaduras más acusadas que ha sufrido el país, complicando el desorden interior con los desaciertos exteriores al ceder a Chile parte de las provincias del Pacífico y al Brasil grandes extensiones en el Mato Grosso.
La segunda gran crisis exterior advino con ocasión de la Guerra del Pacífico librada contra Chile. El litoral de Antofagasta, en poder de Bolivia conforme al Tratado de 1866 suscrito con Chile, estaba siendo colonizado desde mediados del siglo xix por inmigrantes y capitales chilenos dedicados a la explotación de los nitratos, mientras que Bolivia dedicaba más atención a la riqueza minera del altiplano que a la costa. El motivo inmediato que provocó la guerra fue un impuesto de diez centavos sobre el quintal de salitre exportado por los chilenos por el puerto de Antofagasta.
La negativa a pagar motivó la incautación boliviana de la Compañía y la ocupación de Antofagasta por los chilenos. Pese a sus ilusorias esperanzas, Bolivia y Perú no podían competir con la coherencia y preparación militar de Chile, que triunfó primero en el mar y después en tierra. En 1880, ante la ocupación chilena del litoral, Bolivia abandonó la guerra para convertirse en una nación interior. Entonces se intentó una renovación nacional a base de la explotación extensa de las riquezas del interior. Sube al poder una larga serie de presidentes conservadores, que comienza por Gregorio Pacheco en 1884 y termina en 1899 con Severo Fernández Alonso. Fue ésta una época de gran actividad económica, que explotó las minas de plata y el caucho del Beni, creó puertos fluviales y construyó ferrocarriles. Una discusión sobre la capitalidad entre Sucre y La Paz motivó una guerra civil que dio el poder a los liberales, cuya serie comienza con José Manuel Pando en 1900 y termina con José Gutiérrez Guerra en 1920. En esta época comienza a cobrar importancia la explotación del estaño, pero no cesan las mutilaciones territoriales, ya que el territorio de Acre, explorado y colonizado por brasileños, fue cedido en 1903 al Brasil.
La última de las grandes crisis bolivianas acontecería con ocasión de la guerra del Chaco. De 1920 a 1930 gobiernan Juan Bautista Saavedra y Hernando Siles, ambos del movimiento republicano, que pretenden desarrollar una nueva política, postulando reivindicaciones a Chile e intentando realizar una política social. La necesidad de allegar medios económicos obligó a recurrir al capital extranjero en tal forma que el país quedó hipotecado económicamente. Una revuelta de. militares y estudiantes derribó a Hernando Siles y colocó en el poder a Daniel Salamanca, bajo cuyo gobierno se iba a desencadenar el conflicto del Chaco. Sobre esta cuestión ya habían tenido Paraguay y Bolivia algunos choques. El descubrimiento del petróleo haría que dichos países se decidiesen por una ocupación efectiva. Los tratadistas bolivianos invocaban el principio uti possidetis al alegar que dicho territorio había pertenecido administrativamente a la Audiencia de Charcas. Pero el Paraguay, más próximo a dicha región y mejor conocedor de la misma, no parecía dispuesto a ceder después de las mutilaciones territoriales sufridas con motivo de la guerra de la Triple Alianza y había construido varios fortines en la zona en litigio con Bolivia. Esta nación iba a afrontar el conflicto con escasos medios, impreparada militarmente y obligada a luchar en una zona alejada miles de kilómetros de sus centros de actividad. Después de una serie de pequeñas escaramuzas la guerra estalló en junio de 1932. A su dureza extremada se unieron las calamidades ocasionadas por el hambre, la sed y las enfermedades tropicales. El ejército paraguayo, mejor organizado y buen conocedor del terreno, llevó casi siempre la iniciativa y rechazó al boliviano hasta el pie de los Andes. La guerra terminó gracias a la intervención de los diversos países americanos, que lograron se firmase la paz en Buenos Aires el 12 de junio de 1935. Como consecuencia del conflicto del Chaco, Bolivia perdió más de 200000 km2 y adquirió una enorme deuda exterior.
La nueva Bolivia
La guerra del Chaco iba a engendrar un movimiento renovador. Los excombatientes, los estudiantes y los intelectuales, en general, se agruparon en un movimiento que comenzó a cobrar importancia en 1941 y recibió el nombre de Movimiento Nacional Revolucionario.
Después de una serie de años de anarquía, en la que los presidentes se suceden rápidamente, muchas veces con violencia, ganaron las elecciones de 1952 como presidente y vicepresidente Víctor Paz Estensoro y Hernán Siles Zuazo, ambos candidatos del citado movimiento. A Paz le sucedió en 1956 Hernán Siles, continuador de la misma política.
El programa de este Movimiento se basó en tres puntos claves: nacionalización minera, reforma agraria y reforma de la enseñanza. Aun con las dificultades inherentes a la amplitud de este programa el movimiento sigue adelante: se ha pagado gran parte de la deuda motivada por la nacionalización de las compañías extranjeras, se ha elevado la condición del indio y está en marcha un importante movimiento de colonización interior. De los esfuerzos de estos últimos años está emergiendo una nación socialmente más homogénea, económicamente más diversificada, políticamente más estable y, sobre todo, con una conciencia de su nacionalidad, garantía de un próspero futuro.
Golpes militares y retorno a la democracia
Paz Estenssoro, quien vuelve a ser elegido Presidente en 1960. En su segundo mandato, Paz Estenssoro solicita la redacción de una nueva Constitución para aumentar la autoridad económica del gobierno y permitir su reelección. En 1964, Paz Estenssoro es reelegido, nombrando como vicepresidente al jefe de la Fuerza Aérea, René Barrientos Ortuño. Este hecho termina disgregando al Movimiento Nacional Revolucionario y Paz Estenssoro es derrocado un mes después de su reelección a consecuencia de un levantamiento que protagonizan mineros y estudiantes. Se hizo cargo del poder una junta militar encabezada por su vicepresidente, el general René Barrientos.
Múltiples gobiernos militares se suceden en Bolivia entre 1964 y 1982. En 1982 se retorna a la democracia.
Para más información ver: bolivia.
La cultura boliviana más antigua es la de Tiahuanaco, pequeño lugar situado a pocos kilómetros del lago Titicaca, en el que persisten las ruinas de una cultura que influyó grandemente en las comarcas vecinas. El esplendor de esta cultura debió acaecer hacia el año 200 d. de J.C. y su decadencia varios siglos antes de la invasión incaica. Tiahuanaco era más bien un centro religioso que una ciudad. Los constructores de este santuario es posible que no fuesen muy distintos de los actuales aimarás y debían proceder de las yungas por los abundantes motivos de la fauna de esa región que figuran en sus construcciones.
Más reciente es la cultura de la Colla, desarrollada por los actuales aimarás, que arruinaron a la de Tiahuanaco hacia los siglos ix y x de nuestra era. Eran cultivadores y su presencia en el país se remonta a muchos siglos antes, pero su esplendor no ocurrió hasta la ruina de la cultura antes citada.
A mediados del siglo xiii, con el quinto inca, Capac Yupanqui, comienza la penetración de los quechuas, portadores de una civilización superior y emparentados étnicamente con los aimarás. Los incas dieron una organización uniforme al país y anularon a los aimarás, que persistieron como pueblo sojuzgado. En 1531, poco antes de la llegada de los españoles, la actual Bolivia era una porción del Imperio de los Incas, que se extendía desde el Ecuador hasta el N de Chile, al margen del cual quedaban extensas porciones de los llanos habitados por indígenas de raza guaraní, que vivían en un grado inferior de civilización.
Bolivia entre dos núcleos de la colonización española.
Situada entre el Perú y las tierras del Plata, Bolivia fluctuaría en un principio entre estos dos centros sin adquirir una personalidad definida, para inclinarse luego hacia el Perú, de cuya colonización sería un apéndice.
Las primeras penetraciones españolas en Bolivia se efectúan desde las tierras del Plata. La fama del Rey Blanco y de la Sierra de Plata había llegado a los colonizadores a través de sus contactos con los guaraníes del Paraná-Paraguay. Uno de los supervivientes de la expedición de Juan Díaz de Solís al estuario del Plata, Alejo García, con cuatro de sus compañeros, concibió la idea de conquistar dichas tierras fabulosas, que no eran más que el eco deformado del Imperio de los Incas y de las minas andinas. Para realizar esta idea organizó una expedición que de 1516 a 1524 atravesó todo el Chaco desde el río Paraguay hasta el pie de los Andes, llegando hasta el emplazamiento de la actual Sucre.
Hacia 1535 penetró procedente del Perú, más al S del lago Titicaca, el dominico Fray Tomás de San Martín y, más tarde, los hermanos Gonzalo y Hernando Pizarro, que terminaron la conquista del Alto Perú (así se llamaba en la época española la actual Bolivia) hacia 1538, después de vencer una tenaz resistencia de los indígenas. La mayor proximidad al Perú hizo que Bolivia se inclinase decididamente hacia aquella región. Cuando en 1544 se descubren las ricas minas de plata de Potosí la colonización se inclinó hacia la explotación minera y, cuando Irala llegó en 1547 procedente del Paraguay, la vocación de Bolivia ya estaba decidida. La colonización de Bolivia se afirma por la fundación de una serie de ciudades: Chuquisaca (actual Sucre), La Paz, Villa de Oropesa (Cochabamba), Santa Cruz, Oruro y otras.
La riqueza de las minas, las desigualdades étnicas, los abusos de muchos y las rivalidades entre los conquistadores contribuirían a dar al Alto Perú durante los siglos xvi, xvii y xviii una historia turbulenta. La colonización minera agotó en parte las energías de la población e imposibilitó el progreso de otras actividades. Los indígenas no estaban obligados a trabajar en las minas sino cuatro meses con un descanso de dos años, pero al ver la posibilidad de ganar un jornal de forma permanente, se quedaban voluntariamente en ellas con el consiguiente perjuicio para la agricultura. Contra el trabajo agotador de las minas clamaban los mismos virreyes, que no podían luchar con el imperativo económico y social de la atracción de los centros mineros sobre las masas campesinas. En este periodo el Alto Perú se vio ensangrentado por las rivalidades intestinas de los españoles, entre las que destaca la contienda entre los vascos y los vicuñas, formados los primeros por los inmigrantes vascos, en cuyas manos estaba gran parte de la riqueza del país, y los segundos por los inmigrantes procedentes de otras regiones españolas unidos a los criollos. Durante casi toda la época de la colonización española, el Alto Perú fue una dependencia administrativa del gobierno de Lima. En 1551 se estableció una Audiencia en La Plata (nombre primitivo de la actual Sucre), con unos límites amplísimos; en 1776, al fundarse el Virreinato de La Plata, se le agregó la Audiencia de Charcas, aunque hasta el fin de la colonización española sus comunicaciones normales estuvieran orientadas hacia el Perú. A finales del siglo xviii la vida del Alto Perú se hizo todavía más turbulenta por diversas sublevaciones indígenas. Gran importancia tuvo la del indio Tomás Catari, que, al no ver atendidas sus quejas, se levantó contra el gobernador Blas Bernal; la sublevación acabó con la muerte del rebelde en 1781. En esa misma época se extendió al Alto Perú la sublevación iniciada en el Bajo Perú por Túpac Amaru, que motivó el cerco de varias ciudades por los indígenas, entre ellas La Paz, la cual tuvo que resistir un sitio de seis meses.
Bolivia, punto de partida de la Confederación de la América del Sur.
La independencia de Bolivia sería el fruto de una serie de movimientos nacionalistas procedentes del interior, unidos al conjuro de las campañas libertadoras realizadas por Bolívar y San Martín. La Universidad de Chuquisaca sería uno de los núcleos intelectuales más activos e influyentes de la independencia hispanoamericana. Por otra parte, en 1809 estallaron en dicha ciudad y en La Paz sendos levantamientos nacionalistas, que, aunque fueron pronto conjurados, originarían una persistente hostilidad contra los españoles, cuya expulsión quedó decidida en la batalla de Ayacucho (1824). Después de dicha batalla el mariscal Antonio José de Sucre decidió avanzar hacia el Alto Perú para liquidar los escasos restos del ejército español.
El nacimiento de Bolivia como República independiente se debió a un complejo de diversas circunstancias. En primer lugar, la situación de las provincias del Alto Perú parecía ideal para establecer un equilibrio entre los países pía tenses y los andinos. Por otra parte, la independencia del Perú, que tanta influencia tuvo en la de Bolivia, fue obra de jefes colombianos que no tenían reivindicaciones nacionalistas que oponer a los deseos autonomistas de los intelectuales de Chuqui-saca. Finalmente, la Argentina, preocupada por defender la Banda Oriental del Uruguay contra los avances brasileños y deseando para ello el apoyo de Bolívar, había concedido autonomía a sus provincias del norte. Bajo el peso de estas circunstancias, nada más llegar a La Paz, convocó Sucre una asamblea el 9 de febrero de 1825 para determinar el destino de las provincias del Alto Perú. El 10 de julio de ese año, una asamblea instalada en Chuquisaca decidió la proclamación de la República y pidió a Simón Bolívar un proyecto de Constitución.
Ante los deseos autonomistas de los altoperuanos, Bolívar pensó hacer de la República que habían bautizado con su nombre el punto de partida para su grandioso proyecto de la Confederación de la América del Sur. Para ello promulgó una Constitución que consideraba prototípica de la de su proyectada Confederación, en la que se establecía una presidencia vitalicia, con facultades para elegir su sucesor, y un Senado hereditario, mezclando así la tradición monárquica española con las ideas norteamericanas del momento. Una asamblea reunida el 25 de mayo de 1826 nombró presidente a Sucre.
El caudillismo, las oligarquías y la desmembración nacional.
Bolivia había nacido a la vida independiente como un cuerpo extenso y poco armónico: comprendía una superficie próxima a los 3000000 de km2 de muy diversas características geográficas; estaba habitada por grandes masas de población escasamente instruida; en su minoría dirigente había una predisposición al individualismo, que se remontaba a la época de Pizarro, y, por añadidura, sus vecinos, más coherentes y mejor organizados, aspiraban a repartirse sus despojos. Durante más de un siglo, Bolivia buscó su equilibrio sin encontrarlo y vivió una agitada historia: en el interior, los periodos de anarquía alternaron con los de opresivas dictaduras; en el exterior, una continua mutilación la fue privando del patrimonio nacional, que quedó reducido a la mitad.
La crisis política comenzó nada más subir Sucre a la presidencia ante las ambiciones personales de los que se consideraban relegados por un extraño. Pese al corto y agitado periodo de su mandato, Sucre realizó una fructífera labor: adoptó la división administrativa francesa en departamentos y provincias, procuró sanear las finanzas y mejoró la educación. En 1828 las intrigas de sus enemigos obligáronle a dimitir.
Después de la retirada de Sucre se produce la primera gran crisis exterior, provocada por los deseos anexionistas de Perú. El general Andrés Santa Cruz, presidente en 1829-39, aspiraba a la unión de Perú y Bolivia en una Confederación como medio de equilibrar el poderío de las potentes naciones vecinas. La Confederación se articuló en tres estados: Perú del Norte, Perú del Sur y Bolivia, cuyos caudillos estaban sometidos a la jefatura de Santa Cruz, que recibió el título de Protector. Dicha Confederación sólo duró de 1836 a 1839 por los recelos de Chile, que terminó con ella en la batalla de Yungai. La anarquía que estalló en el país a la caída de Santa Cruz, después del fracaso de la Confederación, y el deseo del Perú de anexionarse el territorio de La Paz motivaron una invasión de Bolivia, que fue rechazada por el general José Ballivián el 18 de noviembre de 1841 en la batalla de Ingaví. Esta victoria no fue aprovechada para restaurar el orden en el país y en pocos años se suceden una serie de caudillos, que las más de las veces sólo procuran sátisfacer sus ambiciones personales. Uno de ellos, Belzú, pretende apoyarse en las masas cholas e indias para mantenerse en el poder, pero muere trágicamente. En 1857 sube al poder el primer gobernante civil, doctor José María Linares, que fracasó en su empeño de establecer una democracia ideal en un pueblo sin evolucionar. Una revuelta encumbró en 1864 al general Mariano Melgarejo, que inició una de las dictaduras más acusadas que ha sufrido el país, complicando el desorden interior con los desaciertos exteriores al ceder a Chile parte de las provincias del Pacífico y al Brasil grandes extensiones en el Mato Grosso.
La segunda gran crisis exterior advino con ocasión de la Guerra del Pacífico librada contra Chile. El litoral de Antofagasta, en poder de Bolivia conforme al Tratado de 1866 suscrito con Chile, estaba siendo colonizado desde mediados del siglo xix por inmigrantes y capitales chilenos dedicados a la explotación de los nitratos, mientras que Bolivia dedicaba más atención a la riqueza minera del altiplano que a la costa. El motivo inmediato que provocó la guerra fue un impuesto de diez centavos sobre el quintal de salitre exportado por los chilenos por el puerto de Antofagasta.
La negativa a pagar motivó la incautación boliviana de la Compañía y la ocupación de Antofagasta por los chilenos. Pese a sus ilusorias esperanzas, Bolivia y Perú no podían competir con la coherencia y preparación militar de Chile, que triunfó primero en el mar y después en tierra. En 1880, ante la ocupación chilena del litoral, Bolivia abandonó la guerra para convertirse en una nación interior. Entonces se intentó una renovación nacional a base de la explotación extensa de las riquezas del interior. Sube al poder una larga serie de presidentes conservadores, que comienza por Gregorio Pacheco en 1884 y termina en 1899 con Severo Fernández Alonso. Fue ésta una época de gran actividad económica, que explotó las minas de plata y el caucho del Beni, creó puertos fluviales y construyó ferrocarriles. Una discusión sobre la capitalidad entre Sucre y La Paz motivó una guerra civil que dio el poder a los liberales, cuya serie comienza con José Manuel Pando en 1900 y termina con José Gutiérrez Guerra en 1920. En esta época comienza a cobrar importancia la explotación del estaño, pero no cesan las mutilaciones territoriales, ya que el territorio de Acre, explorado y colonizado por brasileños, fue cedido en 1903 al Brasil.
La última de las grandes crisis bolivianas acontecería con ocasión de la guerra del Chaco. De 1920 a 1930 gobiernan Juan Bautista Saavedra y Hernando Siles, ambos del movimiento republicano, que pretenden desarrollar una nueva política, postulando reivindicaciones a Chile e intentando realizar una política social. La necesidad de allegar medios económicos obligó a recurrir al capital extranjero en tal forma que el país quedó hipotecado económicamente. Una revuelta de. militares y estudiantes derribó a Hernando Siles y colocó en el poder a Daniel Salamanca, bajo cuyo gobierno se iba a desencadenar el conflicto del Chaco. Sobre esta cuestión ya habían tenido Paraguay y Bolivia algunos choques. El descubrimiento del petróleo haría que dichos países se decidiesen por una ocupación efectiva. Los tratadistas bolivianos invocaban el principio uti possidetis al alegar que dicho territorio había pertenecido administrativamente a la Audiencia de Charcas. Pero el Paraguay, más próximo a dicha región y mejor conocedor de la misma, no parecía dispuesto a ceder después de las mutilaciones territoriales sufridas con motivo de la guerra de la Triple Alianza y había construido varios fortines en la zona en litigio con Bolivia. Esta nación iba a afrontar el conflicto con escasos medios, impreparada militarmente y obligada a luchar en una zona alejada miles de kilómetros de sus centros de actividad. Después de una serie de pequeñas escaramuzas la guerra estalló en junio de 1932. A su dureza extremada se unieron las calamidades ocasionadas por el hambre, la sed y las enfermedades tropicales. El ejército paraguayo, mejor organizado y buen conocedor del terreno, llevó casi siempre la iniciativa y rechazó al boliviano hasta el pie de los Andes. La guerra terminó gracias a la intervención de los diversos países americanos, que lograron se firmase la paz en Buenos Aires el 12 de junio de 1935. Como consecuencia del conflicto del Chaco, Bolivia perdió más de 200000 km2 y adquirió una enorme deuda exterior.
La nueva Bolivia
La guerra del Chaco iba a engendrar un movimiento renovador. Los excombatientes, los estudiantes y los intelectuales, en general, se agruparon en un movimiento que comenzó a cobrar importancia en 1941 y recibió el nombre de Movimiento Nacional Revolucionario.
Después de una serie de años de anarquía, en la que los presidentes se suceden rápidamente, muchas veces con violencia, ganaron las elecciones de 1952 como presidente y vicepresidente Víctor Paz Estensoro y Hernán Siles Zuazo, ambos candidatos del citado movimiento. A Paz le sucedió en 1956 Hernán Siles, continuador de la misma política.
El programa de este Movimiento se basó en tres puntos claves: nacionalización minera, reforma agraria y reforma de la enseñanza. Aun con las dificultades inherentes a la amplitud de este programa el movimiento sigue adelante: se ha pagado gran parte de la deuda motivada por la nacionalización de las compañías extranjeras, se ha elevado la condición del indio y está en marcha un importante movimiento de colonización interior. De los esfuerzos de estos últimos años está emergiendo una nación socialmente más homogénea, económicamente más diversificada, políticamente más estable y, sobre todo, con una conciencia de su nacionalidad, garantía de un próspero futuro.
Golpes militares y retorno a la democracia
Paz Estenssoro, quien vuelve a ser elegido Presidente en 1960. En su segundo mandato, Paz Estenssoro solicita la redacción de una nueva Constitución para aumentar la autoridad económica del gobierno y permitir su reelección. En 1964, Paz Estenssoro es reelegido, nombrando como vicepresidente al jefe de la Fuerza Aérea, René Barrientos Ortuño. Este hecho termina disgregando al Movimiento Nacional Revolucionario y Paz Estenssoro es derrocado un mes después de su reelección a consecuencia de un levantamiento que protagonizan mineros y estudiantes. Se hizo cargo del poder una junta militar encabezada por su vicepresidente, el general René Barrientos.
Múltiples gobiernos militares se suceden en Bolivia entre 1964 y 1982. En 1982 se retorna a la democracia.
Para más información ver: bolivia.
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