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La industria de la energía eléctrica nace con el descubrimiento de la primera lámpara incandescente práctica, que debemos a Thomas A. Edison (1879), si bien tal invento se vio precedido por casi 300 años de descubrimientos y experimentos en el campo de la electricidad. Durante este periodo inicial se descubrieron muchos de los principios fundamentales en electrotecnia e incluso se ideó un procedimiento de iluminación eléctrica basado en el empleo de la luz de arco. Estas primitivas lámparas de arco utilizaban como electrodos dos barritas de carbono, dispuestas una sobre otra en posición vertical. Las puntas de los carbonos se calentaban hasta la incandescencia cuando saltaba un arco entre el electrodo superior y el inferior. Pero como la luz de arco resultaba demasiado potente e ineficaz para el alumbrado interior en general, se destinó casi exclusivamente a la iluminación de exteriores o de locales amplios. El convencimiento de Edison de que un medio de iluminación interior resultaría de extraordinaria utilidad condujo a la invención de la lámpara incandescente. A fin de dar difusión práctica a su invento, Edison hubo de crear un sistema de generación y distribución, completo en todos sus detalles, desde las dínamos hasta los fusibles y casquillos. Tras realizar esta prodigiosa tarea, el inventor puso en marcha su primera estación generadora, del tipo termoeléctrico, en la calle Pearl de Nueva York (4 setiembre 1882), iniciando así la era de la moderna electricidad. Aunque la estación sólo atendía inicialmente a 59 consumidores sobre una superficie de una milla cuadrada, constituyó la primera aplicación en gran escala de la electricidad al servicio público y señaló el nacimiento de la moderna industria de fuerza y alumbrado eléctricos. La primera central hidroeléctrica, basada en el sistema de Edison, entró en funcionamiento en Appleton, Wisconsin (30 setiembre 1882).
Durante los primeros años de la industria eléctrica, todas las centrales generaron corriente continua, que adolecía de pérdidas relativamente grandes de potencia al ser transmitida a larga distancia. En 1886 comenzó a funcionar la primera central norteamericana de corriente alterna en Great Barrington (Massachusetts). El empleo de corriente alterna permitió aumentar la potencia de la electricidad para su transmisión a gran distancia y reducirla posteriormente a la tensión deseada en subestaciones o transformadores, con lo que las pérdidas por envío se redujeron al mínimo. De no ser por este procedimiento, la transmisión y distribución de energía eléctrica jamás hubiera presentado el enorme incremento que adquirió posteriormente. Los diversos sistemas energéticos fueron abandonando gradualmente la corriente continua a favor de la alterna: al iniciarse la última década del siglo xix, la corriente continua representaba el 90 % de la capacidad generadora de las centrales; en 1902 había descendido al 39 % y en 1907 al 18 %. Para 1956 apenas si el 1 % de la capacidad generadora se obtenía en forma de corriente continua.
El motor de inducción descubierto en 1888 por Nikola Tesla permitió transformar de modo conveniente y eficaz la corriente alterna en potencia mecánica y abrió el camino al empleo de la electricidad como fuente de energía para las máquinas industriales. La electricidad, que hasta 1900 se limitó a suministrar potencia para el alumbrado, comenzaba ya a impulsar motores, producir energía térmica y realizar múltiples funciones en los procesos industriales.
Para más información ver: central eléctrica.
Durante los primeros años de la industria eléctrica, todas las centrales generaron corriente continua, que adolecía de pérdidas relativamente grandes de potencia al ser transmitida a larga distancia. En 1886 comenzó a funcionar la primera central norteamericana de corriente alterna en Great Barrington (Massachusetts). El empleo de corriente alterna permitió aumentar la potencia de la electricidad para su transmisión a gran distancia y reducirla posteriormente a la tensión deseada en subestaciones o transformadores, con lo que las pérdidas por envío se redujeron al mínimo. De no ser por este procedimiento, la transmisión y distribución de energía eléctrica jamás hubiera presentado el enorme incremento que adquirió posteriormente. Los diversos sistemas energéticos fueron abandonando gradualmente la corriente continua a favor de la alterna: al iniciarse la última década del siglo xix, la corriente continua representaba el 90 % de la capacidad generadora de las centrales; en 1902 había descendido al 39 % y en 1907 al 18 %. Para 1956 apenas si el 1 % de la capacidad generadora se obtenía en forma de corriente continua.
El motor de inducción descubierto en 1888 por Nikola Tesla permitió transformar de modo conveniente y eficaz la corriente alterna en potencia mecánica y abrió el camino al empleo de la electricidad como fuente de energía para las máquinas industriales. La electricidad, que hasta 1900 se limitó a suministrar potencia para el alumbrado, comenzaba ya a impulsar motores, producir energía térmica y realizar múltiples funciones en los procesos industriales.
Para más información ver: central eléctrica.
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