Inspiración
La Iglesia Católica considera que las Sagradas Escrituras «tienen a Dios por autor y como tales han sido entregadas a la misma Iglesia» (Concilio Vaticano).
Esta paternidad divina confiere a la Biblia el carácter de libro inspirado, de palabra de Dios.
Esto no quiere decir que la Biblia fuera entregada directamente por Dios a los hombres ni que Dios la dictara a humanos secretarios, sino que Dios influyó de tal modo en sus autores que éstos desearon escribir, y escribieron, lo que Él quería que escribieran.
Aunque esta influencia divina dejó intacta la personalidad literaria de los autores, de suerte que sus escritos inspirados revelan sus características personales, fue tal que señala a Dios como autor principal de los libros inspirados.
La paternidad divina excluye el error
Por eso la Biblia, en su escritura original, no puede contener errores. Estos son posibles en la transmisión y traducción del texto, como son posibles las falsas interpretaciones del texto original.
Asimismo ha de tenerse en cuenta el significado de antiguas formas literarias, extrañas a veces a las modernas convenciones literarias.
Por ejemplo, un autor inspirado puede utilizar la prosopopeya o la hipérbole. Tampoco impide la inspiración que un autor emplee el artificio literario de la pseudoepigrafía (atribuyendo su obra a un autor famoso que nada tuvo que ver con ella, como en Sabiduría 7:5-10).
Mas todo error fundamental queda excluido por la paternidad divina de la Biblia. Que ésta es inspirada (tuvo a Dios por principal autor) aparece implícito en las mismas Escrituras, que aluden al carácter divino del Antiguo Testamento (II Tim. 3:16; II Pet. 1:20-21) y en los primeros autores cristianos (Ignacio de Antioquía, Justino Mártir). Pero la única prueba adecuada es la palabra infalible de la Iglesia Católica.
El Canon
Determinar exactamente qué libros son inspirados y, por tanto, pertenecientes a la Biblia (al «canon») es función que compete exclusivamente a la Iglesia, asistida por el Espíritu Santo.
A esta decisión llegó la propia Iglesia por un proceso gradual que se extiende a lo largo de los cuatro primeros siglos.
Como el Nuevo Testamento no había sido terminado todavía, no pudo haberse tomado tal decisión antes de que finalizara el siglo i.
Al cabo de otros tres siglos de vacilaciones, polémicas y opiniones contradictorias, el Concilio de Hipona (África, 393) redactó una lista de libros inspirados, lista repetida por numerosos concilios locales y, finalmente, por el Concilio Ecuménico de Trento (8 abril 1546).
La Biblia católica como máxima autoridad de fe
La Biblia católica es considerada como la máxima autoridad en la fe y la moral para los católicos. A través de sus enseñanzas, se pretende transmitir la voluntad divina y guiar a los creyentes en su relación con Dios y su prójimo.
Además de los libros que componen la Biblia, la tradición y la enseñanza de la Iglesia católica también son consideradas fuentes importantes de revelación divina. Estos elementos complementan la interpretación de la Sagrada Escritura y ayudan a los fieles a comprender su significado y aplicarlo en sus vidas.
La lectura y estudio de la Biblia se promueve en la Iglesia católica como una forma de conocer mejor a Dios y su plan de salvación. Se alienta a los fieles a leerla individualmente y también se realizan lecturas y reflexiones comunitarias durante las celebraciones litúrgicas.
La Biblia católica se divide en dos grandes secciones: el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento contiene escritos que fueron compilados durante varios siglos y que recogen la historia, las leyes y la literatura religiosa del antiguo pueblo de Israel. El Nuevo Testamento, por otro lado, se centra en la vida, enseñanzas, muerte y resurrección de Jesucristo, así como en la formación de la Iglesia primitiva.
En la Iglesia católica, la interpretación de la Biblia está encomendada a la autoridad magisterial, que está compuesta por el Papa y los obispos en comunión con él. Esta autoridad asegura la unidad y fidelidad a la enseñanza de Jesucristo transmitida a través de las Sagradas Escrituras.
♦ Para más información ver: biblia.
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